Una navidad esperada

Premio II Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2012

Si por algo destacaron los relatos ganadores del II Certamen Literario «Heraldo de los Reyes Magos» fue por la emotividad que dejaban translucir en sus líneas y más cuando fueron relatados por Javier Baigorri en la entrega de premios, de una manera que sorprende incluso a sus autores.

«Una Navidad esperada», de la periodista Marialuz Vicondoa fue el título del cuento ganador, donde se narran los sentimientos de un niño disponible para ser adoptado. La incógnita se desveló el día 1 de febrero, en el salón Taittinger del hotel Palacio Guendulain al que acudieron más de 100 personas.

El Concurso de cuentos para periodistas «Heraldo de los Reyes Magos» está organizado por la Asociación de Periodistas de Navarra y la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona.

«Me han dicho que, por fin, esta vez van a llegar. Que estas navidades vendrán a buscarme y que me iré con ellos, al país donde no hace frío y donde todos los niños, eso me han dicho, tienen unos papás. Yo, aquí, tengo mamilas, pero son muy pocas para todos los que estamos».

Así comienza el cuento de la ganadora, un relato en el que la esperanza que un niño deposita en la figura del Niño Jesús desempeña un importante papel hasta el final.

El relato del primer accésit, «Christmas Alley», de Mikel Ilundáin, comienza y termina en un callejón sombrío donde un gánster va a ser asesinado por su amigo a punta de pistola. Ante su certera muerte, la víctima apela a lo único que le puede salvar de su inminente ajusticiamiento. «No lo hagas Joe, es Navidad» son las palabras que salen de su boca y que tratan de impedir el fatal desenlace.

Maite Sánchez Insausti en «Navidad en mi armario», galardonado con el segundo accésit, nos cuenta el ajetreo que vive en las fechas navideñas a modo de diario. La autora va relatando toda la actividad que se inicia desde el mismo momento en el que comienza a llenar su armario de regalos hasta que todo se queda en calma tras pasar por los distintos eventos que rodean la Navidad, como la Nochebuena, Nochevieja, la llegada de los familiares que vienen de fuera, la Cabalgata y otros acontecimientos.

Pablo Ojer obtuvo el tercer accésit con «La Navidad perdida». Se trata de otro emotivo relato en el que se detalla la cruda realidad de un niño de 6 años, cuyo padre no celebra la Navidad porque su esposa falleció un día de Nochebuena. En el relato asistimos a la vuelta del niño a una Cabalgata de Reyes y la situación mágica que en ella vivirá.

El jurado en esta edición estuvo formado por Pedro Lozano Bartolozzi, como presidente; los vocales Arturo Gracia, Xabier Martínez de Álava y Javier López de Munáin y el secretario, Gabriel Pérez. Pedro Lozano dio apertura al acto mencionando el título del tercer accésit. Lectura y silencio sepulcral, roto por los aplausos al terminar cada lectura. Así hasta llegar al último.

Emoción sobre emoción la que transmitieron cada uno de los cuentos finalistas.

Primer premio: Marialuz Vicondoa Álvarez
Una navidad esperada

Me han dicho que, por fin, esta vez van a llegar. Que estas navidades vendrán a buscarme y que me iré con ellos, al país donde no hace frío y donde todos los niños, eso me han dicho, tienen unos papás. Yo, aquí, tengo mamilas, pero son muy pocas para todos los que estamos.

Además, cada día vienen unas y se van otras. Las que siempre están son las monjas, aunque creo que pronto se morirán porque son un poco viejecitas.

Ayer oí decir a la hermana Agustina que iban a pedir más camas al obispado, que no sé muy bien qué es, pero es alguien a quien queremos muchos porque cuando vamos a rezar pedimos por él, para que nos traiga, además de camas, colchones, pañales, leche y libros para la escuela.

Aunque la verdad es que ahora vamos muy poco porque no vienen los profesores desde hace mucho.

Bueno, por eso tengo muchas ganas de que llegue la Navidad. Me han dicho que esta vez es seguro y que no ocurrirá como hace unos meses, cuando ya estaba todo preparado y yo estaba ansioso y nervioso… pero al final me dijeron que no podía ser, que había habido un retraso en unos papeles no sé de qué. Los días siguientes no pude comer, ni levantarme de la cama. Me quedé enfermo, quieto, sin hablar, soñando con lo que no había sido y lo que deseaba que fuera.

Poco a poco me he recuperado y ahora dicen que ya estoy bien, como los demás, aunque le he escuchado decir a una señora muy importante que ha venido que le decía a la hermana Martina que estos niños, por nosotros, miramos sin mirar. Yo no le he entendido muy bien, pero luego nos han dicho que había dejado un montón de dulces y de galletas para el refrigerio.

Ahora cuento los días que faltan para la Navidad. Entre todos hemos puesto el Belén, como otros años, en la entrada, y todos los días pasamos a verlo y a rezar. Aunque no me lo digan, yo también sé que tenemos tanto cuidado en poner el Belén porque hay un día en el que un grupo de personas vienen a visitarnos, a nosotros o al Belén, eso no sé. Pero sí que sé, porque lo veo siempre, que se quedan ahí parados, en la entrada, como no queriendo pasar, sonríen mucho y nos aplauden cuando terminamos de cantar junto al Belén.

Después se van y dan unos paquetes que las hermanas se llevan corriendo, como escondiéndolos. El otro día, mientras cantábamos, noté que la hermana Agustina me señalaba con la mirada y una de las señoras que estaba con ella movía la cabeza de arriba hacia abajo. Cuando se fueron me acerqué al niño Jesús, porque estaban muy cerca de él cuando hablaban por lo bajo. Y me dijo que sí, que habían dicho que ya estaban listos los últimos papeles y que pronto vendrían a por mí.

Me da miedo hacerme ilusiones, no me vaya a ocurrir lo de la otra vez. Porque, a ver si me va a pasar como le ocurrió a Orlando, que después de decirle varias veces que venían a buscarle se quedó aquí hasta hace unos meses, que se lo llevaron a otro sitio porque decían que ya era muy mayor para estar con nosotros. No sé por qué le veían mayor, sólo tenía seis años y, además, por una cosa que tenía, dicen que desde que nació, no podía hablar y llevaba pañal, por lo que todavía parecía más pequeño. Por eso me da miedo que me pase como a él, que me dejen aquí y que luego me lleven a otro sitio que no conozco, porque yo ya tengo 5 años y veo que los niños que se marchan son siempre más pequeños.

Pero ¡no importa¡ Desde que me lo dijo el niño Jesús, voy todos los días a visitarle, por si se ha enterado de algo más. Esta mañana me han mandado a duchar y lavar el pelo y me han puesto una ropa que no había visto antes. La hermana Agustina, que es la que más manda aquí, me ha dicho sonriente que hoy es el día.

A todo correr he ido al Belén, a preguntarle al niño Jesús si era verdad. Y, ¡puf¡ me ha dicho que sí, que es verdad, que hoy llegan a buscarme. Han venido y me han besado, mientras los demás niños observaban envidiosos desde la verja. Me han mirado mucho e incluso he visto que a la señora se le escapaba alguna lágrima que enseguida se ha limpiado. Me han dicho que vienen de muy lejos, así que igual es por eso, que está cansada. Me han traído unas pinturas y un coche. He notado como mis compañeros no me quitaban la vista.

Después, se han acercado y me han rodeado, tocándome como si eso sirviera para que a ellos también les pasara. Pero sólo yo les podía dar besos, sólo a mí me sonreían, sólo a mí me miraban. Les he enseñado todo, como si no me fuera a dar tiempo de nada, para que ni ellos ni yo olvidáramos el que había sido hasta entonces mi hogar. Quería retenerlo todo, les mostré el patio de juegos, el jardín, el cuarto de las bicis, mi cama y, cómo no, les he llevado a la entrada y les he enseñado el Belén. Quería que tú, niño Jesús, les vieras bien. Ya me he dado cuenta de que les conocías y de que tú les habías traído. Ellos te miraban. Yo, en silencio, me retiré un poco hacia atrás, por si teníais que hablar de vuestras cosas.

Me alejaba, sin maleta, con una ropa y unos padres a quien no había visto nunca, pero me iba con la cabeza hacia atrás, porque quería verte hasta el final. Se abrió la puerta, y mientras desaparecía de la mano de mis padres hacia un país donde hay familias, mantuvimos la mirada hasta el final.

Fue suficiente.