Crecer entre montañas

Crecer entre montañas

Premio V Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2015

Primer premio: Pablo Laporte Miqueléiz
“Crecer entre montañas”

–¿Qué tal mi Nochebuena? Te puedo contar dos versiones, la corta o la larga. La corta es muy corta: bien. O incluso: muy bien.

–Y ¿la larga?

–La larga sería más bien algo así: bien o incluso muy bien, pero accidentada. Y luego está la versión detallada.

–Me decanto por la detallada.

–¿Seguro?

–Claro, hombre, cuéntame. Pido otras dos. ¿Nos pones dos más, por favor?

–Día 24, ocho de la tarde. Habíamos llegado a Pamplona de Madrid un día antes y estamos tomando algo por lo viejo con la familia. Con mi mujer, hijos, hermanos, sobrinos, cuñadas y amigos. Ya a punto de recoger e ir a cenar a casa de mi cuñada cuando viene Jonás, mi hijo el mediano, y me saca del bar. Tiene que decirme algo.

–¿Cuántos años tiene ya, Jonás?

–Jonás tiene ya diecinueve. Acaba de empezar ingeniería de caminos.

–Y ¿le gusta?

–Sí, está encantado. Ya verás, va a ir a curso por año.

–Bueno, sigue.

–Sigo. Me saca del bar y me dice que ha estado en Ochagavía. Pero me lo dice por lo bajini, mirando al suelo. Yo le miro con cara de policía, porque algo ha hecho mal, algo le genera un runrún. Me cuenta que quedó con sus amigos, con los de la infancia o los de la adolescencia. En fin los del colegio de toda la vida, de antes de que nos fuéramos a Madrid.

–¿Cuánto hace de eso?

–En febrero hará ya cuatro años.

–Total, que se ha ido con sus amigos a Ochagavía.

–Sí. Ya sabes que yo me crié ahí, que mi familia es de ahí, y que aún mantenemos la casa familiar, aunque mi madre hace ya diez años que murió.

–¿No la queréis vender?

–Yo sí, la verdad. Prefiero billetes que ladrillos. Pero a veces la usan. Mi hermano, el mayor, trabaja mucho por los pueblos del norte y de vez en cuando pasa la noche ahí. Y cuando hace bueno a veces van todos a comer o a pasar el fin de semana. De todas formas, vender esa mole, con la que está cayendo, tela. Y luego está todo eso de los recuerdos, la nostalgia…

–Claro, es una reliquia familiar.

–Construida en 1898, y está prácticamente intacta. Así que imagínate. En fin, que me dice Jonás que se ha ido a pasar el día por ahí con sus amigos y que han estado en la casa. Y después de mucha duda, mucho titubeo, me cuenta que cree, que está casi seguro de que se han dejado las placas de la cocina encendidas. Y yo le pregunto: ¿y para qué andáis tocando las placas de la cocina? Y el niño mira otra vez al suelo.

–Adivino, iba a ir a la cena de Nochebuena ya cenado.

–No hombre, no. Son placas de gas, de estas antiguas que se encienden con una chispa. Unas placas que tienen más años que tú y que yo. Me la ha intentado dar con queso, diciendo que si era para calentarse y demás. Era para encenderse los porritos, como si lo viera.

–Ah, que tu hijo…

–No, mi hijo es más bueno que el pan. Sus amigos de aquí son un poco más vivalavida, pero en fin, les ve dos veces al año, Navidad y San Fermín. Pero el caso, que me dice que está casi seguro de que no ha apagado las placas. Ha llamado a sus amigos pero ellos no saben nada. Pues llámales otra vez, le digo, cogéis el coche y vais a comprobarlo. Pero claro, sus amigos están ya en sus casas a punto de sentarse a la mesa, y se han lavado las manos como Poncio Pilatos.

–Pues que hubiera ido él solito.

–Ya, pero aún no tiene el carné de conducir. Así que le miro y en ese momento no le meto un sopapo porque no lo he hecho en mi vida y no iba a ser la primera vez después de diecinueve años y en Nochebuena, pero créeme que ganas no me faltaron. Le suelto una moralina rápida y le digo que ya hablaremos, para asustarlo un poco. Entonces hago cálculos. Entre ida y vuelta, dos horas y media en coche. Son las ocho y pico, si me doy prisa puedo estar en casa a las once y si se lo toman con calma, llego para el sorbete y el turrón. Así que entro en el bar, le pido a mi hermano las llaves de la casa y le digo que ya le contaré. Se encoge de hombros y me las larga. Le explico rápidamente a María, mi mujer, y me voy para allá.

–¡Pero cómo te vas a esas horas! ¡Y en Nochebuena!

–Porque me conozco. Primero porque no me fío de unas placas tan viejas y no quiero que el pueblo vuele por los aires en Nochebuena, y segundo porque si no voy, la imagen de las placas encendidas me va a acosar cada cinco segundos durante toda la cena, toda la noche y todo el día siguiente, que teníamos comida con la familia de María. Y sé que a Jonás también, que para esas cosas ha salido a mí.

–Serías el amo de la carretera.

–Conduzco con prisa, y entre tú y yo, jurando sapos en voz alta contra el crío y sus amiguitos, pero conforme voy llegando y paso Ezcaroz, el pueblo de al lado, me van viniendo imágenes, recuerdos.

–¿Hacía mucho que no ibas?

–Por lo menos desde que nos fuimos a Madrid. Pero probablemente más. Ni idea, igual ocho años. Ni me acordaba de la última vez. No se me ha perdido allí gran cosa, la verdad.

–Tu infancia, nada menos.

–Por eso mismo. ¿Voy a encontrar mi infancia si vuelvo por ahí? No. Pues entonces. Ya sabes lo que dicen: Donde has sido feliz…

–… No debieras tratar de volver. Lo dice Sabina en alguna canción.

–Tate.

–Entonces llegas.

–Llego, abro, voy directo a la cocina y…

–Apagadas.

–Apagadísimas. Y ahí ya juro no sólo sapos, también culebras.

–No me extraña.

–Bah, si te soy sincero, en realidad me entró la risa. Me vi tan solo y tan ridículo, en esa casa, un 24 de diciembre a las nueve y media de la noche, que me entró un ataque de risa tonta y no pude parar en un buen rato. Me dije: así las cosas, mejor tomárselo con humor. Y hasta con calma. Porque de pronto ahí estaba, y con las prisas y el apuro no me había dado cuenta.

–¿De qué?

–De que había conducido a un lugar personal y cargado de cierta magia. Y aquello, la verdad, me pilló de sorpresa.

–Y ¿qué hiciste?

–Nada, no hice nada. Bueno, sí, me fumé un cigarro.

–¿No lo habías dejado?

–Sí, y lo he dejado. Pero abrí un cajón y encontré un cigarro en una cajetilla. Y me lo encendí. ¡Me lo encendí con las malditas placas de la cocina! Y antes de que hagas la broma, sí, las apagué. Y no he vuelto a fumar. Fue ese y ya. Me lo fumé paseando por la casa. En según qué estancias, el silencio, la quietud del sitio me ponía la piel de gallina, incluso un cierto nudo en el estómago. Me venían tantas imágenes… Me llamaba la atención que todos esos objetos, esos muebles, siguieran allí después de tantísimos años, intactos. Fíjate la de cosas que yo he hecho. Estudiar en Francia, vivir en Chile cinco años, una carrera profesional intensa, casarme, tres hijos, en fin, una vida, como la de cualquiera, llena de etapas y cambios. Y mientras todo eso pasaba, ya sé que suena a tontería, pero mientras, todo allí ha permanecido intacto. Como esa butaca en la que se sentaba mi padre después comer. Allí seguía, fiel a él y fiel a su función en este mundo, que es estar donde siempre ha estado, en ese rincón. Pensé que la relación entre la butaca y el lugar que ocupa, que un día fue cotidiana, era ahora ancestral, casi un altar, algo que alberga muchas más cosas. Como si por mover esa butaca de ahí, fuéramos a hacer algo más que mover una butaca. Perdona, que me desvío.

–No, no. Sigue. Te escucho atento.

–Nada. Eso pasó. Bueno, y algo más. No me atreví a entrar en mi habitación. Encendí la luz y me apoyé en el marco de la puerta, pero no entré. Vi mi cama, mi escritorio, mis libros, mis cachibaches, pero no me atreví a entrar. Como si hacerlo fuera un sacrilegio. Como si me estuviera colando en la intimidad de alguien, del niño que fui, tal vez. De alguna manera, sentí que debía respetar su espacio.

–Tiene sentido, supongo.

–También visité el comedor. Allí sí que entré, y me senté en la cabecera, donde se sentaba mi padre. La cabecera de una mesa enorme, como para veinte comensales, con sus candelabros y sus tapetes. Y no pude evitar acordarme de cuando celebrábamos las nochebuenas alrededor de esa mesa. Con todos mis tíos y primos, que éramos un pelotón de críos. Estuve allí unos minutos, en silencio absoluto en un lugar en el que años atrás, a esas horas, todo era puro jolgorio, humo, risas y villancicos.

–Triste, tal vez.

–No, no fue triste. Fue casi alegre, pensar que todos hemos hecho nuestras vidas, nos ha ido bien fuera del pueblo. Alegre, simplemente, porque las cosas han seguido su curso y estamos todos bien.

–Pero mientras, tu familia dejándote sin percebes.

–¡Claro! Me acordé y me dije que sí era el lugar pero no el momento para viajes al pasado. Cerré y salí.

–Bueno, pues no fue a mayores, la cosa.

–Espera, que no acaba ahí. Llego al coche y…

–Te lo han robado.

–No hombre, no. ¿Cómo van a robarme el coche en Nochebuena y en Ochagavía? No arrancaba. Le daba al contacto pero nada. El motor hizo un ruido, un suspiro, y ahí se quedó. La batería.

–¡Pero si funcionaba hacía un rato!

–Misterios de la ingeniería. Lo intenté varias veces, pero no hubo manera. Así que fui en busca de un coche y unas pinzas, pero claro, nadie por la calle, como te puedes imaginar. El pueblo estaba silencioso y muy pacífico. Había luces en algunas casas, pero no me atreví a llamar.

–¿No conocías a nadie?

–Precisamente. Pensé en la tata, la mujer que ayudó a mi madre a criarnos a mis hermanos y a mí. Bueno, ayudaba en eso y en todo. Era como su mano derecha, además de su mejor amiga. Vivió en nuestra casa quince años, hasta que se casó. Y allí fui a probar suerte.

–¿Suerte por si se había mudado?

–Suerte por si seguía viva. Y seguía. Noventagenaria, arrugada y chuchurrida, pero sana y salva.

–O sea, que la encontraste.

–Así es. Llamé a la puerta y me reconoció al instante. Nos habíamos visto en el funeral de mi madre por última vez, hace diez años. Como lloraba aquel día, la pobre. La que más de toda la iglesia. Nos tenía un cariño muy especial a todos nosotros. Siempre decía que fuimos su primera familia y que mis hermanos y yo fuimos casi como sus hijos.

–¿Ella no tuvo hijos?

–Sí, tuvo dos. El primero se fue a vivir a Brasil y el segundo le salió con una parálisis cerebral leve. Uno de estos que se quedan toda la vida como si tuvieran diez años. Santi, se llama este último.

–Y de este ¿qué fue?

–Nada, ahí seguía, cuidando de su madre. Imagina la estampa. Les interrumpí en medio de su cena de nochebuena, los dos solos, en una mesa camilla y con la tele puesta.

–Y ¿qué pasó?

–Craso error mío, había mangado una botella de tinto bueno de las que guarda mi hermano en la bodega de nuestra casa y la llevaba en la mano, y claro, al verme ahí, con el vino bajo el brazo, a las diez de la noche, qué va a pensar, la señora.

–No me lo puedo creer.

–Como para decirles que no. ¡No sabes la alegría que les di! Santi se lanzó sobre mí y casi me tira, y la tata me agarró y me empezó a forrar a besos, igual que hacía cuando tenía yo nueve años. Qué jaleo de gritos, de pronto. Para cuando me quise dar cuenta, Santi ya me había sacado plato, cubiertos y una silla.

–No me lo puedo creer. De verdad que no puedo. Ponnos otras dos cuando puedas, por favor.

–Como te lo cuento. De un momento a otro, me veo en la mesa camilla cenando con la tata y su hijo Santi. Si te contara las tropelías que le hacíamos al pobre Santi de críos… Está vivo de milagro.

–Y ¿cómo fue?

–Entre tú y yo, bonito. Muy bonito. Hacía décadas que no entraba en esa casa. Seguía todo tal y como lo recordaba. En los pueblos no cambia nunca nada, y eso me fascina. Así que dije que sí a todo, me senté y apagaron la televisión. La tata me contó historias de cuando era yo niño, de mis hermanos y de mis padres. Se acordaba de todo con una minuciosidad impresionante. Tenía nuestro pasado perfectamente archivado en su cabeza, como si lo recordara a diario, como si fuera más importante para ella que para nosotros. ¿Sabes qué me contó? Que cuando yo era pequeño, me leía siempre un cuento, una adaptación infantil del pasaje bíblico de Jonás y la ballena. Me contó que era mi cuento favorito y que aunque teníamos una colección entera, a mí, por lo que fuera, me gustaba sólo ese.

–Qué casualidad, como tu hijo.

–Pues fíjate, creo que no es casualidad. Yo siempre quise llamar así a mi hijo y nunca supe por qué. Ni mis abuelos o mi padre se llamaban así, ni nadie que yo haya conocido nunca, pero por alguna razón, siempre me gustó ese nombre. Y la tata, como quien no quiere la cosa, me explicó el porqué.

–¡Que bueno! No te salió en balde, por lo menos. Y ¿cómo fue después?

–Fue maravillosamente. Descorché el vino y cené el mejor cordero asado de mi vida. Santi se acordaba también con mucho cariño de cuando íbamos al monte a disparar a los pájaros, a construir cabañas y a jugar a vaqueros. Menos mal que no se acordaba de cuando lo tirábamos colina abajo en una carretilla… Me sentó bien estar ahí. Fue algo que, pienso ahora, tenía que hacer, aunque sea una vez. Y me gustó hacer felices a la tata y a Santi con mi visita. Me sentí en casa. Pero en mi primera casa. Después pasamos al sofá, pusimos la tele y la tata se quedó dormida enseguida. Le besé en la frente, me despedí de Santi y me fui

–Y ¿las pinzas? ¿el coche?

–Probé de nuevo y esta vez arrancó. Volví a casa sin problemas. Cuando llegué, mi familia iba por la segunda copa, buen humor, turrones y risas. Jonás me miraba con ojos de corderito, pero me senté a su lado, le pasé el brazo por los hombros, le revolví un poco el pelo y asunto zanjado. Les conté la historia y se partieron de risa, y, por una vez, en vez de discutir de política, estuvimos recordando otras historias de la tata y los tiempos de Ochagavía hasta las cuatro de la mañana.

–Y el coche, dices, arrancó sin problemas.

–Sin problemas. A la primera. Ya te he dicho que fue una Nochebuena un tanto accidentada.

–Y que lo digas. Y emocionante, por lo que veo.

–¿Qué tal la tuya?

–La mía bien. Cenamos en casa de mi cuñada, todo riquísimo, dos gin-tonics y a casa.

–Muy bien.

–Sí, muy bien. Muy tranquilo todo. Entonces a la tata no le preguntaste si tenía unas pinzas por ahí, entre la caja de costura, el rosario y los caramelos para la tos ¿no?

–Bueno, tal vez conocían a alguien a quien llamar. Quién sabe. ¿Pedimos la última?

–Claro, por qué no. Y dices que el coche murió y resucitó él solito, por arte de magia. Milagro navideño.

– Eso debió de ser.

–Milagro sería que después de veinte años de amistad, me la intentaras colar y lo consiguieras.

–¿Qué quieres decir?

–Quiero decir que te entiendo, que muy bien hecho y que no te preocupes. Yo te guardo el secreto.

Bi mandarina eta galtzerdi batzuk

Bi mandarina eta galtzerdi batzuk

IV. Literatur Lehiaketaren
ipuin irabazlea “Errege Magoen Heraldoa”

Lehenengo Saria: Sara Nahum
Itzulpena: Ion Stegmeier

Bi mandarina eta galtzerdi batzuk, bai. Hori zen amona Isabelek Eguberritan oparitzen zizkidana beti. Eta nik hala maite nuen. Opari horrek atzean zeukan istorioa ezagutzen bait nuen. Askotan entzuna nuen aiton amonek gerran bizi izan zuten goseaz, miseriaz, hotzaz eta beldurraz. Eta, hala eta guztiz ere, Errege Magoek beti utzi zizkieten mandarina parea eta galtzerdiak.  Zeozergatik ziren magoak, eta ez nolanahikoak. Eta ez zegoen opari hoberik.

Mandarinak astean zehar jaten zituzten, gutxinaka gutxinaka, azala eskuetan igurtziz eta usain horrekin lotara joanez, garai oparoago batekin amets eginez. Galtzerdiak igandetan jantziko zituzten, eta aurreko urteetakoak astean zehar. Gauero  garbitzen zituzten, egunsentian berriz ere janzteko. Amonak bazekien garai haiek iraganekoak zirela, baina ez zuen nahi bere bilobak zein gaizki pasa zuten ahaztu zedin, eta, aldiz, nik zein sorte ona nuen jakin nedin nahi zuen. Hori dela-eta, mandarinak eta galtzerdiak derrigorrezko opariak ziren. Nerabezaroan ez nituen ongi hartzen, baina hazten joan ahala errespetatuz eta baloratuz joan nintzen.

Sortaldeko Magoek, ordea, nire oparirik magikoena azken lau urteetan ahaztu egin zuten. Nire amonari Alzheimer-a zuela esan ziotenetik. Lehen urtean amona betikoa ez zela somatu nuen. Mandarinak eta galtzerdi beltz batzuk agertu ziren  ordenagailuaren ondoan, baina segituan jakin nuen berak ez zituela hor ipini.

Zeozer falta zen, bere idazkera perfektoarekin jartzen zuen oharra: “Zure bizitzan duzuna aintzat hartu, Diego. Zorionekoa, zu”. Mezua beti berdina zen. Ez zuen ezta koma bat bera aldatzen. Nire gurasoei eskerrak eman nizkien baina argi esan nien amonak ez bazituen mandarinak eta galtzerdiak jartzen nahiago nuela inork ez jartzea. Gaixotasunak ohitura hori ere eraman zezala, tximiniaren aurreko istorioak eraman zituen bezala, edo Gabon Gaueko karta partidak, polboroiak edo Oilar-meza.

Labearen kanpaitxoak nire pentsamenduetatik atera ninduen. Beste urte bat! Berriz ere Errege gaua, saloitik kabalgata ikusi genuen, txanpanarekin topa eginez eta erroskoaz gozatuz, hori bai urteroko plazerra. Haurrak arbolaren inguruan korrika zeuden eta txoko batean bera zegoen, Isabel, buruan handik guztiz aldenduta.

Eguberri guztietan tren geltokira eramaten gintuen emakumearen arrastorik ez zen somatzen, heldu berriek jasotzen zuten besarkada haiek ikus genitzan egiten zuen. Begirada galdu horren atzean ezinezkoa zen Peñaranda de Dueron iraultza bat izan zen maistra ikustea, eskolara bere kotxea gidatuz eta erretzen zuela heldu zen andra hura.

– Eta prakekin! – amonaren ahotsak nire pentsamenduetatik atera ninduen.

– Nola diozu, amona?

– Egundokoa izan zela herrian prakak neramala komandarina txetik jaisten ikusi nindutenean! – eta barre egin zuen ozenki.

Halakoa zen nire amona. Bere gaixotasunaren aurka borrokatzen zuen, berak jakin gabe. Eta noizean behin buru-argitasun bat azaltzen zuen, guztiok txundituz. Medikuek ohitu ez gintezen esan ziguten, Alzheimer-a oso zabalduta zegoela eta ez zituela horrelakoak askotan izango. Baina txundituta gelditzen ginen, gehiago behar genuenean. Bere ahotsa gehiago entzungo ez
genuela uste genuean sarritan kontatutako istorio labur bat oparitzen zigun.

– Errege gaua magikoa da, Diego – esan zidan oheratzen nuen bitartean- Nola ez da magikoa izango guztiok, handiak eta txikiak, egun batez Sortaldeko Mago batzuekin amesten badugu! Nola ez da magikoa izango guztion artean haurrei inoiz kontatu den
gezur politena ezkutatzen badiegu!

Eta bapatean begiratu ninduen eta jakin nuen jada ez zegoela.

Egonezin horrekin sartu nintzen ohera. Eskertzen nituen bera izatera bueltatzen zen une horiek, baina hainbeste mintzen ninduen berriz ere hori galtzeak. Eta orduan ikusi nuen. Nire kirol zapatiletan bi mandarina eta galtzerdi batzuk zeudela.  Beldurrez gerturatu nintzen, sorginkeri bat apurtuko balitz bezala, eta makurturik ohartu nintzen behekaldean ikusten zena
letra elegante eta perfekto bat zeraman txartela bat zela: “Zure bizitzan duzuna aintzat hartu, Diego. Zorionekoa, zu”.

Ez nuen inoiz hain ongi ulertu mezu hori.

Dos mandarinas y unos calcetines

Dos mandarinas y unos calcetines

Premio IV Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2014

Primer premio: Sara Nahum
Dos mandarinas y unos calcetines

Dos mandarinas y unos calcetines, sí. Eso es lo que la abuela Isabel me regalaba todas las Navidades. Y a mí me encantaba. Porque sabía la historia que tenía este regalo detrás.  Había oído cientos de veces lo mal que lo pasaron mis abuelos durante la guerra, el hambre, la miseria, el frío y el miedo que habían sufrido. Y, sin embargo, ningún año olvidaron los Reyes Magos dejarles en el zapato las mandarinas y los calcetines. Por algo eran magos ¡Y de los buenos! Y no había presente mejor.

Las mandarinas se las iban comiendo a lo largo de la semana, disfrutando cada gajo, racionándolos, frotándose las manos con sus cáscaras para no perder nunca ese olor dulzón que exprimían al máximo para poder dormirse soñando con tiempos mejores. Los calcetines se convertían en los calcetines de los domingos y los del año anterior, ya remendados varias veces, pasaban a la colección de la semana. Medias que se lavaban todas las noches para ponérselas de nuevo cuando amaneciera. Y aunque la abuela era consciente de que ésos eran tiempos ya pasados no quería que su nieto olvidara lo mal que lo habían pasado, lo afortunado que era yo por tener una vida mucho más sencilla y desahogada. Así que las mandarinas y los calcetines eran regalo obligado. Acompañado de bufidos durante mi adolescencia, y valorado
y respetado en cuanto crecí un poco.

Pero los Magos de Oriente llevaban cuatro años olvidando mi regalo más mágico. Justo el tiempo que hacía que a mi abuela le habían diagnosticado Alzheimer. El primer año, cuando yo ya había notado que ya no era la misma, me sorprendí al ver dos mandarinas y unos calcetines negros junto al ordenador nuevo al que le rodeaba un gran lazo rojo. Supe en cuanto me acerqué que mi abuela no estaba detrás de ese regalo. Faltaba algo, la nota que siempre dejaba escrita con esa caligrafía perfecta y elegante. “Valora lo que tienes, Diego. Eres un afortunado”. El mensaje siempre era el mismo, ni las comas cambiaban de un año a otro. Agradecí a mis padres el gesto, pero dejé claro que si no era la abuela quien me dejaba las mandarinas, prefería que nadie lo hiciera. Que la enfermedad se llevara también la tradición, igual que se había llevado las historias frente a la chimenea, los recuerdos, las partidas de cartas en Nochebuena, los polvorones caseros y la misa del gallo a la que ya nadie iba sin ella.

La campana del horno me sacó de mis pensamientos. ¡Un nuevo año más! me daba hasta vértigo. De nuevo estábamos en la noche de Reyes, habíamos visto la cabalgata desde el salón, brindando con champán y disfrutando del rosco, ese placer anual que en casa nos encanta. Los niños corrían alrededor del árbol y en una esquina estaba ella, Isabel, completamente ausente.

Ya no quedaba nada de la mujer que nos llevaba a la estación de tren todas las Navidades para ver cómo la gente abrazaba a sus familiares recién llegados, suponíamos, desde muy, muy lejos. No se podía adivinar detrás de esa mirada perdida a la maestra de pueblo que revolucionó Zazuar llegando a la escuela conduciendo su coche y fumando.

− ¡Y en pantalones! – La voz de mi abuela me sacó de mis recuerdos.

− ¿Cómo dices, abuela?

− ¡Que menuda fue la que lié en el pueblo cuando me vieron bajar del coche en pantalones! – Y rió con una fuerza y unas ganas que nos contagió a todos. Mi abuela era así. Luchaba sin saberlo contra su enfermedad y de vez en cuando tenía momentos de lucidez que nos dejaban a todos hipnotizados. Los médicos nos decían que no nos acostumbráramos, que tan avanzado como estaba el Alzheimer era ya muy raro que los tuviera. Pero siempre nos sorprendía, en el momento que más lo necesitábamos, cuando ya pensábamos que no volveríamos a escucharla nos regalaba una breve historia mil veces contada.

− La noche de Reyes es mágica, Diego – me dijo mientras la acostaba en la cama – ¡Cómo no va a ser mágico que todos, grandes y pequeños, soñemos por un día con unos Magos de Oriente. Cómo no va a ser mágico que entre todos ocultemos a los niños la mentira más bonita que se ha contado jamás!

Y de repente me miró y supe que ya no estaba. Un poco desazonado me metí en la cama. Agradecía esos momentos en los que volvía a ser ella pero me dolía tanto perderla otra vez. Y entonces lo ví. Dentro de mis zapatillas de deporte había dos mandarinas y unos calcetines. Me acerqué con miedo, como si fuera a romper un hechizo y agachado de puntillas comprobé que lo que asomaba por debajo era, efectivamente, una tarjeta con una letra perfecta y elegante: “Valora lo que tienes, Diego. Eres un afortunado”.

Nunca había entendido mejor ese mensaje.

Premio Haba de Oro 2013: Centro Puente

Premio Haba de Oro 2013: Centro Puente

Premio «Haba de Oro» 2013 para el Centro Puente

El Centro Puente, galardonado por su gran labor de servicio a los demás y, sobre todo, a los más jóvenes.

El jurado de esta edición estuvo formado por las siguientes personas: don Enrique Maya, Alcalde de Pamplona; don Iñigo Alli, Consejero del Departamento de Políticas Sociales del Gobierno de Navarra; doña Margarita Pérez-Salazar, Magistrada Juez del Juzgado de Familia no 3 del Tribunal Superior de Justicia de Navarra; don Santos Villanueva, en representación del Arzobispado; doña Inmaculada Martínez de Álava, en representación de la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona; don Gerardo Echavarren, en representación de la Caixa; doña Josefina Turrillas, directora del Colegio Isterria; y don Jesús Ayala como Secretario del Jurado.

Todos ellos acordaron por unanimidad, conceder el premio Haba de Oro 2013 al Centro Puente, entre otras muchas, por las siguientes razones:

Centro Puente es un centro educativo que nació en 1995 fundado por el Instituto de Hermanos del Sagrado Corazón y el impulso de don Santiago Arellano, entonces Director General de Educación. Aquel proyecto se inició con sólo 6 alumnos frente a los 38 con los que hoy cuenta. Se encarga de atender a un alumnado entre 14 y 20 años de edad, con problemáticas relacionadas con el fracaso escolar. Está situado en la localidad navarra de Puente La Reina.
La Congregación fue fundada por el sacerdote André Coindre en Lyon (Francia) en 1821; originariamente, recogía niños y jóvenes de las calles y les proporcionaba talleres profesionales. Hoy están presentes en unos 30 países y, en España, cuenta con 11 centros educativos. Trabajan en estrecha colaboración, por ejemplo, con el Departamento de Políticas Sociales del Gobierno de Navarra, en cuanto a la financiación; con el de Educación, para las cuestiones académicas; o con la fiscalía de menores.

Este centro aconfesional procura la promoción personal y laboral del alumnado de forma integral y que, como decía antes, sufre el fracaso escolar. En él se imparten dos programas atendidos por 10 educadores: uno Curricular Adaptado y otro de Cualificación Profesional (ayudante de cocina y pastelería). En ellos, hay personas de toda Navarra que se desplazan diariamente al Centro o residen en él durante la semana.

Hasta aquí la fotografía de lo que representa el Centro Puente. El Premio Haba de Oro pretende sacar del anonimato por un instante a esas personas e instituciones que realizan una labor discreta, silenciosa, sin publicidad… que realmente se preocupan por los demás y, en este caso, por los más jóvenes. Nuestra sociedad aparta injustamente a muchas personas, desde edades muy tempranas. Instituciones como ésta trabajan por dar oportunidades para reengancharlas.

Los alumnos que llegan al Centro Puente, se encuentran con tres ces, como bien lo explica don Jesús Gallego, su director: calidad (en su enseñanza), calidez (por el trato humano) y claridad (sobre el orden necesario para que esto funcione). Y todo ello, con tres herramientas: pocos alumnos (cercanía y trato personalizado), mucho espacio (amplias instalaciones) y mucho tiempo (para aprender, conversar y organizarse).

Es oportuno mencionar la frase de Flaubert: “Hay personas cuya única misión entre los demás es servir de mediadores. Se pasa a través de ellos como si fueran puente, y se sigue caminando”.

Por todo ello, el Jurado, con el propósito de reconocer esta gran labor de servicio a los demás y, sobre todo, a los más jóvenes, concedió el Premio Haba de Oro del año 2013 al Centro Puente.

La entrega de este galardón se produjo el 3 de enero de 2014 en el salón de recepciones del Ayuntamiento de Pamplona.

Web de Centro Puente: http://www.corazonistas.com/centropuente/

El extraño personaje

Premio III Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2013

Primer premio: Ángel Unzu Munárriz
El extraño personaje

Abrí la puerta mientras intentaba sujetar el paraguas, el bolso y las bolsas repletas de regalos. Estas últimas las escondí tras el mueble de la sala de espera. No es muy profesional que un paciente vea que llegas tarde a su cita por ir a hacer compras.

Detrás de su mesa y su teléfono, Marta me lanzaba una mirada tensa.

– Lo sé – Contesté -. Pero ya sabes cómo son estos días con el tráfico y la gente en la calle.

– No lleva mucho esperando, pero está bastante nervioso.

-Será algo de estrés, típico en estas fechas

-No lo creas. Es un personaje algo extraño. Lleva un traje muy raro y dice cosas sin sentido.

-¿Qué te ha dicho?

-Algo de una lanzadera de estrellas. Creo que podría ser esquizofrenia.

Me quité el abrigo y me dirigía la puerta de mi consulta.

-Oye, que aquí los diagnósticos los hago yo.

Sobre la butaca, esperaba un hombre joven, aunque hubiera sido difícil calcular su edad. Tenía una piel rosácea y sus rizos dorados caían sobre su frente. Su mirada perdida contrastaba con sus manos, cuyos dedos no paraban de enredarse. Pero lo que llamaba la atención era la túnica blanca que llevaba.

– Buenas tardes, soy la doctora Rodríguez, lamento el retraso.

Me senté y le tendí la mano. Cuando me la estrechó, sentí que su palma me quemaba. La agité pero me la agarraba con tanta fuerza que tuve que resistirme.

-Encantado, yo soy Gabriel.

Intenté concentrarme en mi paciente mientras sacudía la mano escondiéndola tras la silla.

– Está bien, Gabriel… Dígame… ¿Por qué ha decidido acudir al psicólogo?

– Me lo recomendaron. Todos los años, por estas fechas, estoy sometido a mucha presión y temo por mi salud.

«Lo sabía», pensé. «Sólo es estrés, así de sencillo.»- Es normal, el trabajo aumenta para muchos durante la Navidad y es una época decisiva para muchos negocios. Dígame, Gabriel, ¿a qué se dedica?

-Soy ángel.

-Perdón, le había entendido mal. A ver, Ángel, ¿a qué se dedica?

-Soy ángel.

-Sí, ya le he oído, Ángel. Ahora dígame, ¿cuál es su profesión?

-Se lo acabo de decir.

El dolor de la mano desapareció.

-¿Cómo ha dicho?

-Le he dicho que soy ángel.

Me quedé en silencio, reflexionando sobre el sentido que debía dar a esas palabras. Aquel tipo me miró como si los papeles se hubieran cambiado y, ahora, la loca fuera yo.

– ¿Me está diciendo que usted es un ángel?- Es lo que le he estado repitiendo hasta ahora.

– ¿Un ángel del cielo?

– Sí, claro. ¿De dónde cree que vienen los ángeles?

Torció la cabeza y me lanzó una mirada de desconfianza.

– Bueno… – continué – . En realidad, no sé a qué se dedica un ángel.

– Eso depende. Yo soy el organizador del nacimiento del Mesías.

– Perdone, pero le voy a hacer una pregunta médica. ¿Está bajo algún tratamiento o toma alguna medicación?

– ¿Pero qué está insinuando? ¿Qué estoy loco? – El «ángel» se alteró -. Mire, he venido porque estoy muy nervioso y temo que esto pueda afectar a mi trabajo, que es de máxima responsabilidad. Y si vengo estresado y usted me estresa más, ¡menudo negocio estoy haciendo!

Volvió a clavarme otra de sus miradas: nunca directas del todo, entre temerosas y acusadoras. Y continuó.- O menudo negocio está haciendo usted, que me cobra por empeorar mi problema.

Me ausenté diciéndole que prepararía un par de tazas de té para relajarnos. Mientras, pensaba que, entre todos los mis pacientes, nunca había tenido a un personaje como este. Traté de consolarme diciéndome que, tal y como él me había dicho y yo había pensado en un principio, sólo era estrés debido al trabajo.

De nuevo en la consulta, tendí al ángel su taza.

– Veamos, Gabriel, explíqueme en qué consiste su trabajo. Ha dicho que es de mucha responsabilidad.

– Así es. Comienzo con la anunciación a María. Le hago una visita y le digo que ha sido la elegida para dar a luz a Jesús. No suele ser difícil convencerla. Luego, firmamos el contrato y me despido de ella.

– ¿Firmáis un contrato? – exclamé.

– Si, es lo lógico. No podemos permitir que trabaje sin Seguridad Social ni nada.

Volví a quedarme inmóvil e intenté asentir con los músculos de mi cara paralizados, como un robot.- Continúe, por favor.

– Pero estos días son los peores. Debo acompañar a María y su marido, José, a Belén. Tengo que buscarles un alojamiento, convocar al resto de ángeles para que lo anuncien a los vecinos del pueblo y puedan venir a verle… También debo coordinar la llegada de los pastores, lanzar la lluvia de estrellas, recibir a los reyes … y no doy abasto. Y, así, año tras año.

– Ya… sí… es mucho trabajo. Mi secretaria me ha comentado algo de una lanzadera de estrellas.

– ¡La lanzadera! ¡Ese trasto nunca ha funcionado pero se niegan a cambiarlo!

– ¿Para qué sirve una lanzadera de esas?

– Para crear una lluvia de estrellas en dirección a Belén y que, así, todos los reyes del mundo sepan dónde ha nacido Jesús.

– ¿Pero eso no se lo indica una estrella fugaz?

El ángel se incorporó del sillón y alzó las manos, haciendo que su túnica volara.- ¿Con una sola estrella? – gritó -. ¡Nadie se entera! La lanzadera funciona tan mal que sólo puede lanzar una.

– Pero cumple su misión.- Respondí para tranquilizarles. – Los tres Reyes Magos siempre acuden.

-¡Sólo tres reyes! – Se levantó y empezó a deambular por la habitación -. Tendrían que venir muchos más, de todos los países, pero sólo tres logran ver la estrella. Y, a pesar de ello, se pierden por el camino y no logran encontrar el portal. Se despistan y acaban en el castillo de Herodes.

-¿Y cuál es el problema?

-¡Es una tragedia! ¡Van a Herodes y preguntan por el rey de los judíos! ¿A quién se le ocurre? Entonces, Herodes se enfada, decide perseguir a todos los niños y a mi me toca organizar una huida por el desierto.

-Le entiendo. Pero son pequeños problemas que se presentan.

-No me entiende. Todo acaba saliendo mal. No hay manera de encontrar sitio en ninguna posada, así que la familia debe alojarse en una cuadra. ¿Sabe la bronca que me llega de arriba por eso?-Yo creía que el hecho de que Jesús naciera en un portal era una muestra de humildad.

-¡Es un error de previsión! Y, después, empiezan a llegar los pastores y no hay forma de que guarden una fila en condiciones. Los regalos se amontonan y algunos vecinos se quejan por el ruido. ¿Pero qué más puedo hacer yo?

-Por favor, Gabriel, siéntese -Logré que se tranquilizara mientras yo iba asimilando todo lo que había oído. Recordé el Belén que, de niña, ponía siempre en la chimenea: el portal, los pastores, los tres reyes acercándose al final del camino, el ángel, la estrella… ¿Era posible que todas las historias que siempre había oído acerca de la Navidad fueran el error de aquella extraña persona? – . Gabriel, escúchame. Vives muy agobiado con un trabajo que creo que no te motiva. ¿Crees que vale la pena seguir con él? ¿Te compensa todo esto?

El ángel se ausentó sumergiéndose en sus propios pensamientos. Seguramente pensaba en los pocos ratos de tranquilidad en las afueras de aquel pueblo que para mí siempre había tenido campos de musgo, casitas de corcho y un cielo de papel de celofán. El ángel esperaría esos momentos en los que poder acercarse a ese niño que yo siempre había visto inmóvil en un pesebre, pero cuya mirada y sonrisa él conocía muy bien, pues la recibía año tras año.

– Claro que vale la pena. – Me susurró sin interrumpir su momento de ensoñación. – Todas las veces que haga falta.

 

Premio Haba de Oro 2012: Colegio Isterria

Premio Haba de Oro 2012: Colegio Isterria

Premio “Haba de Oro” 2012 para el Colegio Isterria

Isterria, comprometidos con la educación

El Centro de Educación Especial, de Fundación Caja Navarra, trabaja para el desarrollo formativo de 72 alumnos con necesidades educativas especiales.

Jesús Ayala, en el acto de entrega del Haba de Oro el 3 de enero de 2013 en el Ayuntamiento de Pamplona, presentó al Centro de Educación Especial Isterria con estas cariñosas palabras:

“Porque es un espejo en el que deberíamos mirarnos cada mañana. Un colegio especial y hermoso que nació de la mano de la Obra Social de la Caja de Ahorros de Navarra hace casi 50 años. Porque trabaja para que personas con discapacidades se desarrollen, y porque luchan además por conseguir que sus familias no sufran”.

Y razón no le falta, ya que Isterria es un espacio por el que en sus casi 50 años de historia han pasado más de 700 alumnos
con diferentes necesidades educativas que se han formado, han aprendido y han desarrollado sus capacidades.

El colegio está situado en Ibero, en un bellísimo entorno natural rodeado de amplias zonas verdes. Sus instalaciones cuentan con todo lo necesario para ofrecer  a los alumnos una educación integral de calidad: aulas de Educación Básica Obligatoria, Programas de Cualificación Profesional Inicial Especial (PCPIE) y Transición a la Vida Adulta (TVA), centro ocupacional, residencia, pistas polideportivas, gimnasio y sala de psicomotricidad, piscina terapéutica, invernadero, jardines, parque con columpios y un amplio conjunto de servicios generales con cocina, lavandería y comedores.

Isterria ofrece tres grandes servicios al alumnado y a sus familias:

· Colegio: concertado con el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. Atiende a 72 alumnos repartidos en 10 aulas de Educación Básica Obligatoria, 3 programas de PCPIE (Agraria, Electricidad y Administración) y un aula de TVA.

· Centro ocupacional: actualmente se forman 19 personas de 20 a 25 años que están en tránsito hacia un recurso de vida adulta
definitivo. Entre otros proyectos, se encargan de hacer todo tipo de regalos para acontecimientos especiales (llaveros, libretas,
pequeñas esculturas, etc.).

· Residencia: facilita la escolarización a 46 niños y niñas con un programa formativo de apoyo al programa escolar. La mayoría
de los residentes tienen a sus familias lejos de Pamplona.

Por otro lado, Isterria cuenta con servicios complementarios que favorecen el desarrollo integral de las personas: psicopedagogía, logopedia, enfermería, trabajo social, ocio y tiempo libre, piscina, comedor escolar, transporte escolar,  extraescolares, fisioterapia y atención residencial temporal (residencia por un máximo de dos semanas a alumnos externos que lo requieran por circunstancias de tipo familiar).

Formación integral novedosa y personalizada

“Isterria es un centro integrador, normalizador, innovador, creativo y acogedor, porque además de atender a niños y niñas con discapacidad y favorecer su integración, trabajamos con los últimos avances educativos e impartimos una educación personalizada”. Así definió la actividad del centro su directora escolar, Josefina Turrillas, al recoger el premio. “Nuestra misión –prosiguió– es proporcionar a los alumnos una formación integral y de calidad que les ayude a integrarse en la sociedad.  Queremos ser un centro de prestigio e innovador y queremos ser reconocidos por descubrir las capacidades de nuestro alumnado y desarrollarlas al máximo. Y para lograrlo contamos con el apoyo incondicional de Fundación Caja Navarra y un equipo de 52 profesionales comprometidos con la filosofía del centro, que se gestiona con criterios de mejora continua”, finalizó.

Para lograr esta formación individualizada, los profesionales de Isterria se basan en la funcionalidad de los aprendizajes y se centran en cada uno de los alumnos, que trabajan en áreas tan específicas como la autonomía personal, la autodeterminación y la comunicación. El proceso clave del sistema de gestión es el llamado Plan de Apoyo Individual (PAI), que marca el camino a seguir desde que el alumno llega al colegio hasta que lo abandona a los 21 años. En este plan se concretan todos los objetivos que se van a trabajar con cada alumno, consensuados por todos los profesionales que cada curso lo acompañan.

Isterria y las familias

Además de fomentar el crecimiento personal de todos los alumnos, Isterria tiene un papel fundamental para las familias, que encuentran en el centro todo lo necesario para que sus hijos estén bien atendidos y desarrollen su autonomía en función de sus capacidades. “Desde que viene a Isterria nuestro hijo está muy contento y feliz. Se nota que es muy querido tanto por los profesionales que trabajan aquí (profesores, cocineras…) como por el resto de sus compañeros. A nosotros nos parece que está como en casa, y eso nos ha dado mucha tranquilidad”. Son palabras de Ana Miral, madre de Daniel Itoiz, un chico de 16 años que entró en Isterria hace cuatro.

“En estos cuatro años hemos notado que nuestro hijo ha avanzado mucho” –prosigue Ana–. “Desde que está aquí interactúa y se relaciona más con el resto de chicos, algo que antes no hacía, ya que pasaba mucho tiempo con adultos; ha incrementado sus habilidades para manejar el ordenador y otras herramientas tecnológicas y poco a poco está empezando a entender las matemáticas, a su nivel, claro, pero con pequeños avances. Aunque para nosotros lo más importante, sin duda, es que se le
ve feliz, y eso es muy grande”, concluye.

Innovación continuada

El centro está continuamente investigando y aplicando nuevas fórmulas educativas para conseguir que los alumnos incrementen
su autonomía personal, por este motivo cobra especial relevancia la formación de los profesionales. Actualmente los docentes están estudiando nuevas metodologías y la introducción del entrenamiento cognitivo como base del aprendizaje llevado a cabo principalmente a través de la herramienta Neuron-up (plataforma web que incluye miles de ejercicios, juegos y simuladores que permiten ejercitar funciones cognitivas básicas y actividades de la vida diaria).

La innovación está enfocada, además, a la evaluación psicopedagógica, a las nuevas tecnologías y, en general, al conocimiento de estrategias relacionadas con el proceso de mejora de la calidad de vida de la persona con discapacidad, como puede ser la inteligencia emocional.

Otras actividades complementarias

Para completar la formación de los alumnos y para que éstos desarrollen su autonomía, además de las clases habituales, Isterria organiza numerosas actividades complementarias, como salidas (Granja Naturalia…), convivencias (semana blanca en Belagua, semana azul en el pantano de Alloz…) y clases extraescolares (música, judo, multideporte, teatro…), que ayudan a completar su formación.

Por otra parte, los alumnos de mayor edad que están en Programas de Cualificación Profesional Inicial Especial o en Transición a la Vida Adulta, fabrican manualmente artículos de regalo personalizados como llaveros, libretas, detalles de boda o de empresa. Esta actividad les ayuda a coger experiencia para trabajos que puedan desarrollar en un futuro, cuando abandonen el centro y se inicien en la vida laboral.

Para saber más…

www.fundacioncajanavarra.es En la web oficial de Fundación Caja Navarra se ofrece información básica del centro y se puede descargar la revista oficial, que se edita cada seis meses.

http://colegioeducacionespecialisterria.wordpress.com/ Blog oficial del centro, con contenidos actualizados de forma permanente.

Una navidad esperada

Premio II Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2012

Si por algo destacaron los relatos ganadores del II Certamen Literario «Heraldo de los Reyes Magos» fue por la emotividad que dejaban translucir en sus líneas y más cuando fueron relatados por Javier Baigorri en la entrega de premios, de una manera que sorprende incluso a sus autores.

«Una Navidad esperada», de la periodista Marialuz Vicondoa fue el título del cuento ganador, donde se narran los sentimientos de un niño disponible para ser adoptado. La incógnita se desveló el día 1 de febrero, en el salón Taittinger del hotel Palacio Guendulain al que acudieron más de 100 personas.

El Concurso de cuentos para periodistas «Heraldo de los Reyes Magos» está organizado por la Asociación de Periodistas de Navarra y la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona.

«Me han dicho que, por fin, esta vez van a llegar. Que estas navidades vendrán a buscarme y que me iré con ellos, al país donde no hace frío y donde todos los niños, eso me han dicho, tienen unos papás. Yo, aquí, tengo mamilas, pero son muy pocas para todos los que estamos».

Así comienza el cuento de la ganadora, un relato en el que la esperanza que un niño deposita en la figura del Niño Jesús desempeña un importante papel hasta el final.

El relato del primer accésit, «Christmas Alley», de Mikel Ilundáin, comienza y termina en un callejón sombrío donde un gánster va a ser asesinado por su amigo a punta de pistola. Ante su certera muerte, la víctima apela a lo único que le puede salvar de su inminente ajusticiamiento. «No lo hagas Joe, es Navidad» son las palabras que salen de su boca y que tratan de impedir el fatal desenlace.

Maite Sánchez Insausti en «Navidad en mi armario», galardonado con el segundo accésit, nos cuenta el ajetreo que vive en las fechas navideñas a modo de diario. La autora va relatando toda la actividad que se inicia desde el mismo momento en el que comienza a llenar su armario de regalos hasta que todo se queda en calma tras pasar por los distintos eventos que rodean la Navidad, como la Nochebuena, Nochevieja, la llegada de los familiares que vienen de fuera, la Cabalgata y otros acontecimientos.

Pablo Ojer obtuvo el tercer accésit con «La Navidad perdida». Se trata de otro emotivo relato en el que se detalla la cruda realidad de un niño de 6 años, cuyo padre no celebra la Navidad porque su esposa falleció un día de Nochebuena. En el relato asistimos a la vuelta del niño a una Cabalgata de Reyes y la situación mágica que en ella vivirá.

El jurado en esta edición estuvo formado por Pedro Lozano Bartolozzi, como presidente; los vocales Arturo Gracia, Xabier Martínez de Álava y Javier López de Munáin y el secretario, Gabriel Pérez. Pedro Lozano dio apertura al acto mencionando el título del tercer accésit. Lectura y silencio sepulcral, roto por los aplausos al terminar cada lectura. Así hasta llegar al último.

Emoción sobre emoción la que transmitieron cada uno de los cuentos finalistas.

Primer premio: Marialuz Vicondoa Álvarez
Una navidad esperada

Me han dicho que, por fin, esta vez van a llegar. Que estas navidades vendrán a buscarme y que me iré con ellos, al país donde no hace frío y donde todos los niños, eso me han dicho, tienen unos papás. Yo, aquí, tengo mamilas, pero son muy pocas para todos los que estamos.

Además, cada día vienen unas y se van otras. Las que siempre están son las monjas, aunque creo que pronto se morirán porque son un poco viejecitas.

Ayer oí decir a la hermana Agustina que iban a pedir más camas al obispado, que no sé muy bien qué es, pero es alguien a quien queremos muchos porque cuando vamos a rezar pedimos por él, para que nos traiga, además de camas, colchones, pañales, leche y libros para la escuela.

Aunque la verdad es que ahora vamos muy poco porque no vienen los profesores desde hace mucho.

Bueno, por eso tengo muchas ganas de que llegue la Navidad. Me han dicho que esta vez es seguro y que no ocurrirá como hace unos meses, cuando ya estaba todo preparado y yo estaba ansioso y nervioso… pero al final me dijeron que no podía ser, que había habido un retraso en unos papeles no sé de qué. Los días siguientes no pude comer, ni levantarme de la cama. Me quedé enfermo, quieto, sin hablar, soñando con lo que no había sido y lo que deseaba que fuera.

Poco a poco me he recuperado y ahora dicen que ya estoy bien, como los demás, aunque le he escuchado decir a una señora muy importante que ha venido que le decía a la hermana Martina que estos niños, por nosotros, miramos sin mirar. Yo no le he entendido muy bien, pero luego nos han dicho que había dejado un montón de dulces y de galletas para el refrigerio.

Ahora cuento los días que faltan para la Navidad. Entre todos hemos puesto el Belén, como otros años, en la entrada, y todos los días pasamos a verlo y a rezar. Aunque no me lo digan, yo también sé que tenemos tanto cuidado en poner el Belén porque hay un día en el que un grupo de personas vienen a visitarnos, a nosotros o al Belén, eso no sé. Pero sí que sé, porque lo veo siempre, que se quedan ahí parados, en la entrada, como no queriendo pasar, sonríen mucho y nos aplauden cuando terminamos de cantar junto al Belén.

Después se van y dan unos paquetes que las hermanas se llevan corriendo, como escondiéndolos. El otro día, mientras cantábamos, noté que la hermana Agustina me señalaba con la mirada y una de las señoras que estaba con ella movía la cabeza de arriba hacia abajo. Cuando se fueron me acerqué al niño Jesús, porque estaban muy cerca de él cuando hablaban por lo bajo. Y me dijo que sí, que habían dicho que ya estaban listos los últimos papeles y que pronto vendrían a por mí.

Me da miedo hacerme ilusiones, no me vaya a ocurrir lo de la otra vez. Porque, a ver si me va a pasar como le ocurrió a Orlando, que después de decirle varias veces que venían a buscarle se quedó aquí hasta hace unos meses, que se lo llevaron a otro sitio porque decían que ya era muy mayor para estar con nosotros. No sé por qué le veían mayor, sólo tenía seis años y, además, por una cosa que tenía, dicen que desde que nació, no podía hablar y llevaba pañal, por lo que todavía parecía más pequeño. Por eso me da miedo que me pase como a él, que me dejen aquí y que luego me lleven a otro sitio que no conozco, porque yo ya tengo 5 años y veo que los niños que se marchan son siempre más pequeños.

Pero ¡no importa¡ Desde que me lo dijo el niño Jesús, voy todos los días a visitarle, por si se ha enterado de algo más. Esta mañana me han mandado a duchar y lavar el pelo y me han puesto una ropa que no había visto antes. La hermana Agustina, que es la que más manda aquí, me ha dicho sonriente que hoy es el día.

A todo correr he ido al Belén, a preguntarle al niño Jesús si era verdad. Y, ¡puf¡ me ha dicho que sí, que es verdad, que hoy llegan a buscarme. Han venido y me han besado, mientras los demás niños observaban envidiosos desde la verja. Me han mirado mucho e incluso he visto que a la señora se le escapaba alguna lágrima que enseguida se ha limpiado. Me han dicho que vienen de muy lejos, así que igual es por eso, que está cansada. Me han traído unas pinturas y un coche. He notado como mis compañeros no me quitaban la vista.

Después, se han acercado y me han rodeado, tocándome como si eso sirviera para que a ellos también les pasara. Pero sólo yo les podía dar besos, sólo a mí me sonreían, sólo a mí me miraban. Les he enseñado todo, como si no me fuera a dar tiempo de nada, para que ni ellos ni yo olvidáramos el que había sido hasta entonces mi hogar. Quería retenerlo todo, les mostré el patio de juegos, el jardín, el cuarto de las bicis, mi cama y, cómo no, les he llevado a la entrada y les he enseñado el Belén. Quería que tú, niño Jesús, les vieras bien. Ya me he dado cuenta de que les conocías y de que tú les habías traído. Ellos te miraban. Yo, en silencio, me retiré un poco hacia atrás, por si teníais que hablar de vuestras cosas.

Me alejaba, sin maleta, con una ropa y unos padres a quien no había visto nunca, pero me iba con la cabeza hacia atrás, porque quería verte hasta el final. Se abrió la puerta, y mientras desaparecía de la mano de mis padres hacia un país donde hay familias, mantuvimos la mirada hasta el final.

Fue suficiente.

Premio Haba de Oro 2011: Familias acogedoras de Navarra

Premio Haba de Oro 2011: Familias acogedoras de Navarra

Premio «Haba de Oro» 2011 para las familias acogedoras de Navarra

La familia Recalde-Romea recogió el galardón en nombre de las más de doscientas familias que en Navarra realizan esta labor

La Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona concedió su premio anual, Haba de Oro 2011, a las familias que acogen en Navarra a niños en dificultades. El alcalde de la ciudad, Enrique Maya, fue el encargado de entregar el galardón en el mismo consistorio a Pilar Romea y a su esposo José Antonio Recalde, que recogieron el premio en nombre de todas las familias. En el acto de entrega se destacó «la generosidad, responsabilidad y solidaridad de éstas». Concluido el acto, el Grupo de Abanderados Italianos realizó una exhibición en la Plaza Consistorial.

El ejemplo de la familia Recalde-Romea podría ser el de cualquiera de las más de 200 que actualmente tienen algún menor en acogida en Navarra. Pilar y José Antonio ya tenían dos hijos biológicos, Javier y María, de 28 y 23 años en la actualidad, «pero teníamos una inquietud dentro desde hace mucho tiempo. Pensamos también en adoptar pero una trabajadora social nos sugirió la idea y aquí llevamos con Maika desde hace 8 años, desde que tenía 6, y ahora es la reina de la casa junto con la abuela María Jesús», explica Pilar.

El proceso para acoger un niño se realiza a través de Bienestar Social en la Dirección General de Familia. «Los trabajadores sociales y psicólogos analizan las familias para ver si encajan en el modelo para acoger y qué niño o niña es el adecuado», apunta José Antonio. «Hay muchos tipos de familias que tienen cabida, puede ser incluso una sola persona. A nosotros nunca nos han preguntado nuestras ideas políticas o religiosas. Supongo que se decide en función de que los candidatos sean equilibrados o vivan una situación estable», añade.

Experiencia enriquecedora

En la decisión de esta acogida llevaron la voz cantante la madre y la hija. Ésta última resalta: «Queríamos un hermanito pequeño y desde el principio acogimos a Maika como un hermano más y lo mismo el resto de la familia, sin ningún problema». Su madre destaca que a ella esta experiencia le ha hecho evolucionar mucho. «Haces un bien para los niños pero también para uno mismo. Sientes cosas y eres. consciente de que hay otras personas que viven otros problemas que antes no habíamos visto o no habíamos reparado en ello».

Diferente a una adopción

Maika apenas se acuerda de cuándo entró a formar parte de su nueva familia. Está en situación de acogida permanente y a efectos legales mantiene una filiación como si fuera una hija biológica de la familia, aunque existe una diferencia sustancial con una situación de adopción. El acogimiento es una figura distinta ya que mantiene sus apellidos y, en este caso, la relación con sus padres biológicos. «Ella quiere a sus padres y nos quiere a nosotros», comenta José Antonio, «pero si hay alguna situación o hecho importante lo debemos comunicar a Bienestar Social. Por ejemplo, nosotros no tenemos potestad para hacerle el pasaporte porque es algo que compete a sus padres».

Pilar señala que para tomar una decisión como la de su familia «hay que tener una inquietud de verdad y clara. No se trata de ningún juguete y hay que tratarlo como a un hijo biológico pero sabiendo que no es un compromiso para toda la vida porque puede que cuando sea mayor se vaya o que lo reclame su familia biológica y vuelva con ellos. Hay distintas situaciones como padres que están en la cárcel, otros enfermos, etc. No se debe tener un sentido de propiedad del niño, algo que en nuestro caso nos ha hecho reflexionar y aprender mucho sobre nuestros propios hijos biológicos».

El matrimonio formado por José Antonio y Pilar recuerda la llegada de Maika un 22 de diciembre como un auténtico regalo de Navidad. «Nos tocó la lotería. Al principio tuvimos nuestras incidencias, como que tenía que dormir con la luz encendida y situaciones propias de una niña de 6 años que no conoce a unas personas nuevas para ella, pero en general no hubo ningún problema. Luego, como en cualquier relación humana, no siempre es un camino de rosas pero es algo muy enriquecedor», destacan ambos. Esta pareja resalta el apoyo que siempre ha obtenido por parte de los profesionales de Bienestar Social. «Al principio están muy encima de las familias para ver la evolución y siempre que hemos tenido cualquier duda nos han ayudado, desde los trabajadores sociales a los psicólogos».

El secreto para llevar a buen término esta experiencia en boca de los miembros de esta familia es que «hay que ser consciente de que eres acogedor, que tiene sus padres legítimos y lo importante es el menor, por el que también vela Bienestar Social. En nuestro caso la consideramos igual que otra hija pero somos conscientes de nuestra situación y procuramos no extralimitarnos».

Objetivos del acogimiento

– Otorgar temporalmente a una persona o familia la guarda y custodia de un menor cuya familia no puede atenderle, con la obligación de cuidarle, alimentarle, educarle y procurarle una formación integral.

– Facilitar al menor un entorno familiar diferente al de su origen, que le proteja y atienda a sus necesidades de manera integral, en tanto se resuelva la situación problemática que le afecta.

– Es la medida más idónea de protección de los menores, cuando no es posible, por diversos motivos, su permanencia en la familia de origen, y se trata de una circunstancia temporal, en principio. Y esto es así porque un entorno familiar se considera el contexto que mejor puede responder a las necesidades de un niño o niña para un desarrollo adecuado en todos los aspectos.

Destinatarios y requisitos

Menores en situación de desprotección o conflicto social en grado severo con los siguientes requisitos:

Para el menor: tener menos de 18 años, que resida en Navarra, aunque proceda de otro lugar, y que por su edad y circunstancias pueda beneficiarse del acogimiento.

Para la familia acogedora: haber solicitado ser familia acogedora y haber sido valorada como idónea por el Negociado de Acogimiento Familiar y Adopción Nacional de la Dirección General de Familia, Infancia y Consumo.

Tipos de Acogimiento

Según la duración prevista pueden ser:

– Simple: cuando se constituye para un plazo de tiempo determinado, mientras la familia biológica hace un trabajo de capacitación parental o de resolución de las dificultades que impedían la permanencia del menor con ella.

– Permanente: cuando por la naturaleza de las dificultades de la familia biológica no se prevé un retorno del menor con ella en un plazo determinado.

– Preadoptivo: actualmente está contemplado este acogimiento cuando se entrega un menor a una familia con propuesta de adopción ante el juzgado, como paso previo mientras se resuelve judicialmente la adopción. En la nueva legislación sobre adopción ya no se emplea este término porque puede dar lugar a confusión.

Según la familia acogedora:

– Acogimiento en familia extensa: cuando el menor es acogido por familiares, allegados.

– Acogimiento en familia ajena: cuando el menor es acogido por una familia con la que no le une relación alguna y que se ofrece voluntariamente.

Según el órgano que lo formaliza:

– Acogimiento administrativo: cuando lo constituye la entidad pública, con acuerdo de los padres.

– Judicial: cuando no hay acuerdo de los padres

 

Regalo de Reyes

Premio I Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2011

«Como me he portado muy bien, quiero pediros un regalo diferente al que os pido otros años. Mis papás me contaron hace tiempo que los reyes de Pamplona, los Gigantes, han cumplido 150 años. En Sanfermines celebré su fiesta de cumpleaños con ellos y con todos los niños de Pamplona y me lo pasé muy bien. Ahora me gustaría que vosotros les hicierais un regalo muy especial. Si es posible, quiero que, en vez de ser vosotros, porque lo hacéis todos los años, les dejéis a ellos ir de vuestra parte al Portal de Belén a adorar al Niño Jesús.

Creo que les haría mucha ilusión a ellos y al Niño Jesús. Y a mí, por supuesto, porque les quiero mucho a ellos; bueno, y a vosotros también».

Así reza la carta que un niño pamplonés envió a los Reyes Magos y que releyó un paje en Oriente “mientras se rascaba, pensativo, la cabeza” en el cuento ganador del I Certamen Literario “Heraldo de los Reyes Magos” de cuentos de Navidad para periodistas y cuyo autor es Gabriel Imbuluzqueta Alcasena.

Con el título ‘Regalo de Reyes’, el veterano profesional de los medios de comunicación obtuvo la ‘estatuilla del heraldo’ con un relato que dedicó a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona, en su 150 aniversario y “dedicado a todos los niños muy niños”. Los Reyes Magos cedieron el acto de la adoración a Gigantes, cabezudos, kilikis y zaldikos –que incluso se enfrentaron a las huestes de Herodes- como regalo al niño Jesús.

Describe el cuento como el Niño Dios, como los demás niños de Belén y los pastores se lo pasaron muy bien con el baile de los Gigantes en el Portal: “Sí, les había gustado mucho, pero mucho mucho, el regalo de los Reyes Magos”, concluye el cuento.

Trabajo para el jurado

Un total de 25 relatos se presentaron a este primer certamen literario con el que la Asociación de Periodistas de Navarra y la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona se han unido con el objetivo de fomentar la creación literaria entre los periodistas navarros. El tema central de los cuentos puede ser cualquier aspecto de los que suceden en el tiempo de Navidad; el misterio, los Magos de Oriente, el cortejo, los mercados navideños, los días de Paz, la sensación de un tiempo nuevo, el Nacimiento, la especial atmósfera, las relaciones entre personas, etcétera. Las dos asociaciones recuperan así el certamen literario de cuentos de Navidad que para periodistas reunía en los años 70 más de 200 trabajos presentados.

La entidad de los cuentos dio mucho trabajo a un jurado que tuvo que filtrar varias veces los relatos para emitir un veredicto. El grupo decisor lo formaron Pedro Lozano Bartolozzi, como presidente, Arturo Gracia Miranda, Xabier Martínez de Álava y Gabriel Pérez Gómez, como secretario.

Primer premio: Gabriel Imbuluzqueta Alcasena
Regalo de Reyes

Un paje de los Reyes Magos estaba abriendo las cartas enviadas por los niños de todo el mundo en las que pedían juguetes y regalos. En aquel cuarto, en aquella oficina, había un montón de sacos llenos de cartas. De uno de ellos apartó una que le llamó la atención. Se quedó mirándola. El niño que la había mandado había dibujado junto a la dirección un pañuelico rojo de San Fermín.

Abrió el sobre y leyó: «Como me he portado muy bien, quiero pediros un regalo diferente al que os pido otros años. Mis papás me contaron hace tiempo que los reyes de Pamplona, los Gigantes, han cumplido 150 años. En Sanfermines celebré su fiesta de cumpleaños con ellos y con todos los niños de Pamplona y me lo pasé muy bien. Ahora me gustaría que vosotros les hiciérais un regalo muy especial. Si es posible, quiero que, en vez de ser vosotros, porque lo hacéis todos los años, les dejéis a ellos ir de vuestra parte al Portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Creo que les haría mucha ilusión a ellos y al Niño Jesús. Y a mí, por supuesto, porque les quiero mucho a ellos; bueno, y a vosotros también».

El paje volvió a leer la carta mientras se rascaba, pensativo, la cabeza. Se levantó de la silla y marchó deprisa al salón del castillo donde estaban los tres Reyes Magos comentando lo bien que se habían portado los niños durante el año y organizando los regalos que les iban a llevar. El paje les entregó la carta y el rey Melchor la leyó en voz alta. Cuando terminó, los tres se quedaron mirándose con la boca abierta. Nunca nadie les había pedido algo parecido.

«¿Por qué no?», dijo Baltasar con una gran sonrisa. «Me parece una buena idea», comentó Gaspar. «Yo creo que al Niño Jesús le va a gustar mucho. Y a la Virgen María y a San José, también», aseguró Melchor.

Dicho y hecho. Enviaron un paje a los Gigantes para que les explicara qué tenían que hacer; estos lo aceptaron encantados porque nunca habían bailado para el Niño Jesús.  Inmediatamente prepararon el viaje. Con los poderes de magia que los Reyes habían dado al paje, los Gigantes llegaron en un santiamén a la plaza de Belén y desde allí se fueron andando, en cabalgata, hasta el Portal, que era la cueva pequeña en la que había nacido el Niño Jesús. Como iban con gaiteros y txistularis, la gente salía a la calle al oír la música y los niños, asombrados, con unos ojos muy abiertos, porque en aquel pueblo nunca los habían visto, jugaban con los kilikis corriendo delante de ellos.

En el camino se unieron al grupo los pastores que estaban en el campo cuidando sus ovejas; algunas de estas acompañaron a los gaiteros con sus balidos («¡beee! ¡beee! ¡beee! «) y los corderos más chiquititos empezaron a brincar y a bailar. Entonces, el rey europeo se fijó en que, medio escondidos entre unas rocas, había unos lobos espiándoles con la intención de comerse a los corderitos cuando se descuidasen los pastores. El gigante se lo comentó a los kilikis Verrugón y Coletas y estos empezaron a andar deprisa en dirección a ellos. Cuando vieron que aquellas cabezas tan grandes se les acercaban con rapidez los lobos se dieron un gran susto y se escaparon corriendo como locos.

Al llegar al Portal, el Niño Jesús, que estaba dormido, se despertó con la música y se puso muy contento. Pero los Gigantes no podían pasar a verle porque la entrada era muy pequeña y ellos, por el contrario, eran muy altos. Entonces, los pastores hicieron una gran hoguera para que el Niño Jesús pudiera estar en la calle sin pasar frío . Allí bailaron los Gigantes todos los bailes que saben. El Niño Jesús se reía mucho y levantaba los bracitos moviéndose y bailoteando. La reina europea le cogió aupa y bailó con él abrazado. Y lo mismo hicieron después las otras reinas: la africana, la asiática y la americana.

Así estuvieron hasta muy tarde, hasta que todos los niños que se habían reunido allí estaban tan cansados que se dormían en los brazos de sus papás o en el suelo. También el Niño Jesús empezó a bostezar. Se le cerraban los ojitos. Su mamá, la Virgen María, le dijo que se despidiera de los Gigantes porque ya era la hora de dormir. Les dio muchos besos, uno a uno, a todos y se durmió. Los Gigantes se retiraron callandito, sin hacer ruido, con los músicos en silencio. Entonces se les apareció un ángel y les dijo que el rey de aquel país les iba a invitar a bailar en su castillo, pero que no le hicieran caso porque aquel rey, que se llamaba Herodes, era malo, muy malo, no quería nada a los niños y solo le gustaba castigarles. Cuando aparecieron los soldados con el recado del rey Herodes, antes de llegar a los Gigantes se encontraron con los cabezudos, los kilikis y los zaldikos que iban abriendo el desfile. Les entró mucho miedo. Caravinagre fue hacia ellos y al ver aquella cabeza, aquellos ojos tan grandes y aquella mueca en la boca empezaron a temblar del susto y echaron a correr. Cuando se paraban, Caravinagre hacía como que salía a toda velocidad a por ellos y, con una voz muy profunda, les gritaba » ¡Que voy! ¡Que voy!»; al final, los soldados echaron a correr desesperados hasta que desaparecieron y no se les volvió a ver más.

Al llegar los Gigantes a la plaza de Belén les esperaba el paje de los Reyes Magos y, como había hecho antes, les trasladó por arte de magia a Pamplona, a la Estación de Autobuses, donde todos, que estaban muy cansados, se acostaron inmediatamente. Mientras tanto, el Niño Jesús dormía y soñaba con los bailes de los Gigantes, con los mimitos que le habían hecho cabezudos, kilikis y zaldikos y con lo bien que se lo habían pasado todos los niños de Belén y los pastores con sus ovejitas.

Sí, le había gustado mucho, pero mucho, mucho, el regalo de los Reyes Magos.

Premio Haba de Oro 2010: Fundación Atena Psicoballet

Premio Haba de Oro 2010: Fundación Atena Psicoballet

Premio «Haba de Oro» 2010 para la Fundación Atena Psicoballet

Fundación Atena

El arte encauza las emociones

El 4 de enero se celebró en el Ayuntamiento el acto de entrega del premio del Haba de Oro a la Fundación Atena. Yolanda Barcina, por entonces alcaldesa de Pamplona, valoró el esfuerzo que realiza la fundación por dotar a sus alumnos de calidad de vida a través del arte.

Atena fue fundada en 2001 por parte de padres y hermanos de personas con discapacidad intelectual. Su misión es promover y fomentar el desarrollo integral de las personas con discapacidad a través del arte, mejorando su calidad de vida y acompañándoles en su proyecto vital. Explican que el trabajo que se realiza en Atena es una fusión de arte y pedagogía.

Sus alumnos son personas con discapacidad, no discapacitadas. Para ellos es muy importante dejar claro este concepto. “A veces no se tiene cuidado. En primer lugar son personas, que tienen una condición, que en este caso es una discapacidad intelectual. Existen las discapacidades asociadas; una persona puede tener de base una discapacidad intelectual y luego tener un trastorno dual en el que tenga también una enfermedad mental asociada, una sordera, un problema de visión u otro tipo de enfermedades”, señala Arantxa Garatea, directora de la fundación. Por ello, los programas y la forma de trabajar se adaptan a cada una de las personas y necesidades.

Cuando les preguntamos si hay poca oferta educativa o cultural para ellos, responden que actualmente no hay ninguna. Bien porque cuando se montan actividades estas personas no tienen la oportunidad de acceder a ellas o porque no están adaptadas para ello. “Nosotros como escuela de danza, maquillaje, música y teatro, somos la única oferta que hay en toda Pamplona y diría hasta en Navarra”, apunta Nieves Santesteban, presidenta de Atena. “Nuestros hijos tienen muy poco abanico de posibilidades para hacer cosas diferentes”, añade después.

Atena, además de formar en todas las artes escénicas, es fundamentalmente un proyecto educativo. “Por eso decimos que hemos fusionado arte y pedagogía”, explica Arantxa. Una parte muy importante es la de trabajar y reforzar la autonomía y habilidades sociales de cada uno de los alumnos; y todos los objetivos que plantean los trabajan a través del arte.

En el centro desarrollan una programación artístico-pedagógica integrada en todas sus actividades y en el día a día. Nos explican que además de las clases artísticas dan mucha importancia a las normas de cortesía, a saludar desde que llegan por la puerta, o la autonomía personal, por ejemplo, que aprendan a vestirse y desvestirse solos en el vestuario.

Pero Atena se encuentra en una situación económica realmente complicada, el esfuerzo que realizan cada día para salir adelante es enorme. Los padres forman la junta y Atena subsiste con la cuota que pagan las familias, algunas subvenciones y optando a todas las convocatorias de premios posibles. A pesar de ser una fundación, no cuentan con benefactores y no tienen una estabilidad económica. “A 1 de enero no sabemos con cuánto dinero vamos a contar para el año” aclara Arantxa y “lo peor es la incertidumbre”. “Sabemos que todos estamos pasando una mala época, pero nosotros, como padres y profesionales, vamos a intentar que Atena salga adelante” añade Nieves.

Su ilusión y ganas es que la fundación siga existiendo dentro de otros 10 años, pero trabajan paso a paso, intentando no pensar más allá, “vamos a seguir exprimiéndonos por los 115 alumnos que tenemos”.

Cuando les concedieron el Haba de Oro, plantearon su situación al Comité y les cedieron el Teatro Gayarre para realizar una actuación y de este modo celebrar su 10º aniversario. “El Ayuntamiento se hizo cargo de todo el gasto que eso suponía y la recaudación íntegra fue para nosotros”, algo por lo que están muy agradecidos y por ser un reconocimiento al esfuerzo que realizan.

“Nos llamó el Secretario de la Cabalgata el 28 de diciembre y al principio no me lo creí, porque era el día de los Santos Inocentes” explica Arantxa. La emoción invadió a todos en Atena, “nos alegramos mucho sobre todo por la sensación de que nos dieran algo sin optar a ello, sin haber hecho nada. A lo largo del año optamos a tantas cosas, que estamos agotados, y de repente que nos llamen y nos den un premio porque han pensando en nuestra fundación, es una alegría”. En navidades la fundación cerraba y a pesar de resultar complicado localizar a todos, se llamó al resto de patronos, profesionales y familias. “Quisimos invitar a todos, porque el apoyo que recibimos de las familias es fundamental y el premio tenía que ser algo compartido” apunta Arantxa.

Algunos alumnos nos cuentan cómo vivieron la entrega del premio: “cuando fuimos a por el Haba de Oro frente al Ayuntamiento, nos recibieron los abanderados, haciendo un pasillo para entrar al edificio y fue muy bonito. Y lo mejor fue el lunch que nos dieron después, ¡nos pusimos las botas!”.

En Atena se sienten muy satisfechos por el reconocimiento que se hace de su trabajo, tanto por el Haba de Oro, como por la respuesta del público que asiste a sus actuaciones.

Este año se han presentado por segunda vez consecutiva al Festival de Danza de Villava y han conseguido el tercer premio, “lo importante es, más que competir, el poder tener presencia física en un festival así, el participar como los demás”. “El único problema que tiene Atena, es el económico” añade Nieves.

Las actuaciones son un momento muy importante, el momento de mostrar todo el trabajo que hay detrás. “No es una fiesta de final de curso, aquí hay mucho trabajo y muchas horas detrás de cada una de las coreografías del espectáculo y formación”. No sirve cualquier cosa, si alguien se está rascando la nariz, se le explica que uno no puede hacer eso en un escenario. A los alumnos se les enseña que el público paga por verles y que se deben a él.

“No te olvidas de que las personas que están arriba son personas con una discapacidad, porque físicamente se les nota, pero son capaces de comunicar tan bien a través de su cuerpo, que te sorprende. Son muy profesionales y disciplinados, y realmente eso es lo que hay que valorar. Verlos, para nosotros, es toda una lección” nos cuenta Arantxa.

El trabajo que se hace en Atena es fundamental para los alumnos, asistir a las clases es un motivo de alegría para ellos, un lugar en el que aprenden, se divierten y no se sienten excluidos. “Hay personas que tienen la autoestima muy baja o que no se ven guapas, porque saben que su físico les diferencia de los demás”.

Lo más bonito es que muchas de estas personas, cuando se han subido a un escenario y han sido aplaudidas por su trabajo, han sentido un antes y un después, se han sentido reconocidos, bellos, guapos. “Por otro lado a algunos de ellos les cuesta transmitir sus emociones, tienen sus dificultades, sus necesidades, sus deseos, y de alguna forma tenemos que intentar que las saquen”.

Cuando preguntamos a los alumnos, nos dicen “nos gusta mucho venir a Atena, porque aprendemos cosas nuevas. Subirnos a un escenario, delante de tanta gente, es fantástico”.