Regalo de Reyes

Premio I Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2011

“Como me he portado muy bien, quiero pediros un regalo diferente al que os pido otros años. Mis papás me contaron hace tiempo que los reyes de Pamplona, los Gigantes, han cumplido 150 años. En Sanfermines celebré su fiesta de cumpleaños con ellos y con todos los niños de Pamplona y me lo pasé muy bien. Ahora me gustaría que vosotros les hicierais un regalo muy especial. Si es posible, quiero que, en vez de ser vosotros, porque lo hacéis todos los años, les dejéis a ellos ir de vuestra parte al Portal de Belén a adorar al Niño Jesús.

Creo que les haría mucha ilusión a ellos y al Niño Jesús. Y a mí, por supuesto, porque les quiero mucho a ellos; bueno, y a vosotros también”.

Así reza la carta que un niño pamplonés envió a los Reyes Magos y que releyó un paje en Oriente “mientras se rascaba, pensativo, la cabeza” en el cuento ganador del I Certamen Literario “Heraldo de los Reyes Magos” de cuentos de Navidad para periodistas y cuyo autor es Gabriel Imbuluzqueta Alcasena.

Con el título ‘Regalo de Reyes’, el veterano profesional de los medios de comunicación obtuvo la ‘estatuilla del heraldo’ con un relato que dedicó a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona, en su 150 aniversario y “dedicado a todos los niños muy niños”. Los Reyes Magos cedieron el acto de la adoración a Gigantes, cabezudos, kilikis y zaldikos –que incluso se enfrentaron a las huestes de Herodes- como regalo al niño Jesús.

Describe el cuento como el Niño Dios, como los demás niños de Belén y los pastores se lo pasaron muy bien con el baile de los Gigantes en el Portal: “Sí, les había gustado mucho, pero mucho mucho, el regalo de los Reyes Magos”, concluye el cuento.

Trabajo para el jurado

Un total de 25 relatos se presentaron a este primer certamen literario con el que la Asociación de Periodistas de Navarra y la Asociación Cabalgata Reyes Magos de Pamplona se han unido con el objetivo de fomentar la creación literaria entre los periodistas navarros. El tema central de los cuentos puede ser cualquier aspecto de los que suceden en el tiempo de Navidad; el misterio, los Magos de Oriente, el cortejo, los mercados navideños, los días de Paz, la sensación de un tiempo nuevo, el Nacimiento, la especial atmósfera, las relaciones entre personas, etcétera. Las dos asociaciones recuperan así el certamen literario de cuentos de Navidad que para periodistas reunía en los años 70 más de 200 trabajos presentados.

La entidad de los cuentos dio mucho trabajo a un jurado que tuvo que filtrar varias veces los relatos para emitir un veredicto. El grupo decisor lo formaron Pedro Lozano Bartolozzi, como presidente, Arturo Gracia Miranda, Xabier Martínez de Álava y Gabriel Pérez Gómez, como secretario.

Primer premio: Gabriel Imbuluzqueta Alcasena
Regalo de Reyes

Un paje de los Reyes Magos estaba abriendo las cartas enviadas por los niños de todo el mundo en las que pedían juguetes y regalos. En aquel cuarto, en aquella oficina, había un montón de sacos llenos de cartas. De uno de ellos apartó una que le llamó la atención. Se quedó mirándola. El niño que la había mandado había dibujado junto a la dirección un pañuelico rojo de San Fermín.

Abrió el sobre y leyó: “Como me he portado muy bien, quiero pediros un regalo diferente al que os pido otros años. Mis papás me contaron hace tiempo que los reyes de Pamplona, los Gigantes, han cumplido 150 años. En Sanfermines celebré su fiesta de cumpleaños con ellos y con todos los niños de Pamplona y me lo pasé muy bien. Ahora me gustaría que vosotros les hiciérais un regalo muy especial. Si es posible, quiero que, en vez de ser vosotros, porque lo hacéis todos los años, les dejéis a ellos ir de vuestra parte al Portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Creo que les haría mucha ilusión a ellos y al Niño Jesús. Y a mí, por supuesto, porque les quiero mucho a ellos; bueno, y a vosotros también”.

El paje volvió a leer la carta mientras se rascaba, pensativo, la cabeza. Se levantó de la silla y marchó deprisa al salón del castillo donde estaban los tres Reyes Magos comentando lo bien que se habían portado los niños durante el año y organizando los regalos que les iban a llevar. El paje les entregó la carta y el rey Melchor la leyó en voz alta. Cuando terminó, los tres se quedaron mirándose con la boca abierta. Nunca nadie les había pedido algo parecido.

“¿Por qué no?”, dijo Baltasar con una gran sonrisa. “Me parece una buena idea”, comentó Gaspar. “Yo creo que al Niño Jesús le va a gustar mucho. Y a la Virgen María y a San José, también”, aseguró Melchor.

Dicho y hecho. Enviaron un paje a los Gigantes para que les explicara qué tenían que hacer; estos lo aceptaron encantados porque nunca habían bailado para el Niño Jesús.  Inmediatamente prepararon el viaje. Con los poderes de magia que los Reyes habían dado al paje, los Gigantes llegaron en un santiamén a la plaza de Belén y desde allí se fueron andando, en cabalgata, hasta el Portal, que era la cueva pequeña en la que había nacido el Niño Jesús. Como iban con gaiteros y txistularis, la gente salía a la calle al oír la música y los niños, asombrados, con unos ojos muy abiertos, porque en aquel pueblo nunca los habían visto, jugaban con los kilikis corriendo delante de ellos.

En el camino se unieron al grupo los pastores que estaban en el campo cuidando sus ovejas; algunas de estas acompañaron a los gaiteros con sus balidos (“¡beee! ¡beee! ¡beee! “) y los corderos más chiquititos empezaron a brincar y a bailar. Entonces, el rey europeo se fijó en que, medio escondidos entre unas rocas, había unos lobos espiándoles con la intención de comerse a los corderitos cuando se descuidasen los pastores. El gigante se lo comentó a los kilikis Verrugón y Coletas y estos empezaron a andar deprisa en dirección a ellos. Cuando vieron que aquellas cabezas tan grandes se les acercaban con rapidez los lobos se dieron un gran susto y se escaparon corriendo como locos.

Al llegar al Portal, el Niño Jesús, que estaba dormido, se despertó con la música y se puso muy contento. Pero los Gigantes no podían pasar a verle porque la entrada era muy pequeña y ellos, por el contrario, eran muy altos. Entonces, los pastores hicieron una gran hoguera para que el Niño Jesús pudiera estar en la calle sin pasar frío . Allí bailaron los Gigantes todos los bailes que saben. El Niño Jesús se reía mucho y levantaba los bracitos moviéndose y bailoteando. La reina europea le cogió aupa y bailó con él abrazado. Y lo mismo hicieron después las otras reinas: la africana, la asiática y la americana.

Así estuvieron hasta muy tarde, hasta que todos los niños que se habían reunido allí estaban tan cansados que se dormían en los brazos de sus papás o en el suelo. También el Niño Jesús empezó a bostezar. Se le cerraban los ojitos. Su mamá, la Virgen María, le dijo que se despidiera de los Gigantes porque ya era la hora de dormir. Les dio muchos besos, uno a uno, a todos y se durmió. Los Gigantes se retiraron callandito, sin hacer ruido, con los músicos en silencio. Entonces se les apareció un ángel y les dijo que el rey de aquel país les iba a invitar a bailar en su castillo, pero que no le hicieran caso porque aquel rey, que se llamaba Herodes, era malo, muy malo, no quería nada a los niños y solo le gustaba castigarles. Cuando aparecieron los soldados con el recado del rey Herodes, antes de llegar a los Gigantes se encontraron con los cabezudos, los kilikis y los zaldikos que iban abriendo el desfile. Les entró mucho miedo. Caravinagre fue hacia ellos y al ver aquella cabeza, aquellos ojos tan grandes y aquella mueca en la boca empezaron a temblar del susto y echaron a correr. Cuando se paraban, Caravinagre hacía como que salía a toda velocidad a por ellos y, con una voz muy profunda, les gritaba ” ¡Que voy! ¡Que voy!”; al final, los soldados echaron a correr desesperados hasta que desaparecieron y no se les volvió a ver más.

Al llegar los Gigantes a la plaza de Belén les esperaba el paje de los Reyes Magos y, como había hecho antes, les trasladó por arte de magia a Pamplona, a la Estación de Autobuses, donde todos, que estaban muy cansados, se acostaron inmediatamente. Mientras tanto, el Niño Jesús dormía y soñaba con los bailes de los Gigantes, con los mimitos que le habían hecho cabezudos, kilikis y zaldikos y con lo bien que se lo habían pasado todos los niños de Belén y los pastores con sus ovejitas.

Sí, le había gustado mucho, pero mucho, mucho, el regalo de los Reyes Magos.