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Portal de Francia |
Calle del Carmen |
Calle Navarrería |
EL PORTAL DE
FRANCIA
O DE ZUMALACÁRREGUI
Juan José
Martinena Ruiz
Jefe del Archivo Real y General de Navarra
Es
éste sin duda uno de los rincones más sugerentes del Viejo
Pamplona.
Este portal es el único de los seis que se abrían en el antiguo
recinto amurallado al que le cupo la suerte de ser indultado de
la piqueta, y que en consecuencia ha podido llegar intacto hasta
nuestros días. Esta circunstancia, unida al hecho de que también
se han conservado las murallas que configuran su entorno, que
además han sido restauradas admirablemente en fecha reciente,
hace de este singular monumento un verdadero punto de referencia
dentro del patrimonio histórico de Pamplona.
Primero se llamó del Abrevador
Los orígenes del Portal de Fran cia se remontan
a la época medieval, cuando la ciudad estaba dividida en tres
distintas poblaciones, que antes habían sido cuatro. Por aquel
entonces se le conocía como del Abrevador y era una de las
puertas que existían en la primitiva muralla de la Navarrería.
Por ella entraban los peregrinos que llegaban a nuestra ciudad
siguiendo el Ca mino de Santiago.
Esta antigua denominación del Abrevador, que
aparece ya en viejos documentos del siglo XIV, se siguió
empleando hasta bien entrado el siglo XIX, aunque alternando con
la otra más moderna de Portal de Francia. Después del Privilegio
de la Unión de los Burgos, decretado por Carlos III el Noble en
1423, el portal pasó a ser uno de los que se abrían en la
muralla exterior, que a partir de entonces pasó a ser común para
toda la ciudad.
Coincidiendo con el inicio del reinado de Carlos
I, que más tarde asumiría la dignidad imperial con el nombre de
Carlos V, no fiando mucho las nuevas autoridades castellanas de
la lealtad de un reino recién conquistado, como lo era a la
sazón el de Navarra, se acometieron las costosas y prolongadas
obras de las murallas de Pamplona, que habrían de durar más de
dos siglos. En una primera fase, los trabajos se centraron
principalmente en adaptar en lo posible los antiguos muros
medievales a los nuevos sistemas de hacer la guerra, que por
aquellos años estaban experimentando unos avances hasta entonces
nunca vistos, y sobre todo en hacerlos más resistentes y menos
vulnerables ante los mortíferos efectos de las nuevas piezas de
artillería.
Dentro de este plan general de reformas, se
inició la construcción del vecino baluarte del Redín –por
aquella época se les llamaba todavía bastiones- en el ángulo de
la vieja muralla donde hasta entonces había estado el torreón
llamado de la Tesorería, y se derribaron varias otras torres que
antes había, con el fin de dejar una muralla de frentes planos,
con recios muros en talud, que pudieran ser batidas desde los
flancos de los nuevos baluartes.
Construido en 1553
Y fue por entonces, siendo virrey de Navarra don
Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, cuando se
reconstruyó el portal de arriba, el que da entrada a la calle
del Carmen, en la misma forma austera en que hoy lo vemos. Un
sencillo arco escarzano, en cuyas jambas son visibles todavía en
la piedra las guías por las que cada anochecer se bajaba el
rastrillo después del toque de queda.
Además, la puerta se cerraba con un recio portón
de doble hoja, asegurado por el interior con buenos cerrojos y
una pesada barra de hierro. Encima del arco, como único detalle
ornamental, una hermosa labra heráldica con el escudo imperial
de Carlos V, con el águila bicéfala, la corona imperial de los
Habsburgo y los emblemas heráldicos de todos los reinos que
constituían los dominios de la Corona española a mediados del
siglo XVI. Al pie del monumental escudo, una pequeña inscripción
nos da la fecha de construcción del portal AÑO 1553 DVCE
BELTRANO ALBVRQVERQVE PRORREGE
Es decir que fue construido en ese año, siendo
virrey de Navarra el duque de Alburquer que. Por cierto, que en
1560 el cantero Martín de Istúriz andaba en pleito con el
tesorero de las obras, porque le dejó a deber 93 ducados del
coste de la piedra. Hay que insistir en que hasta ahora nos
estamos refiriendo no al portal de más abajo, que todavía
conserva el puente levadizo y puede resultar más atractivo para
el visitante por su aire romántico, pero que es de época muy
posterior.
Hablamos del más antiguo, que es el de la parte
de arriba, el que da acceso a la calle del Carmen. El portal de
abajo, a pesar del puente levadizo que le da un aire casi
medieval, es posterior exactamente en dos siglos al de arriba.
Hacia 1720, el rey Felipe V, primer monarca de la casa de Borbón
en España, creó el Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército, a
imitación del que existía en Francia desde el reinado de Luis
XIV. Varios de los fundadores de dicho cuerpo, el marqués de
Verbom entre ellos, visitaron la plaza de Pamplona, pieza
estratégica para la defensa de la línea occidental de los
Pirineos.
El plan general que elaboraron aquellos
militares para mejorar las fortificaciones se centró
especialmente en esta zona del recinto, en la que se proyectaron
dos nuevos baluartes, que tardarían más de treinta años en
acabarse: uno que rodeaba el antiguo bastión del Redín, que fue
bautizado con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe, y otro
que recibió el nombre de Nuestra Señora del Pilar, que reforzaba
la defensa del baluartillo del Abrevador y de paso protegía el
antiguo Portal construido como hemos dicho en 1553. Entre los
dos nuevos baluartes, el pequeño revellín de los Reyes, venía a
completar el sistema defensivo.
En la obras intervinieron, entre otros, los
maestros José Pérez de Eulate y Juan Angel Cía y los canteros
Pedro Camino, Pedro de Urte, Juan de Arreche y Bernardo de
Arizmendi. La piedra se trajo de Pitillas.
Del año 1753 a la Primera Guerra Carlista
De entonces, concretamente de 1753, data el
portal exterior, que todavía conserva el antiguo puente
levadizo, y que ostenta en su frontis el escudo simplificado de
España, que únicamente lleva las armas de Castilla y León y el
escusón central con las flores de lis de los Borbones, sin
incluir los escudos de los reinos de Navarra y Aragón,
composición heráldica similar a la que existe en la puerta del
Socorro de la Ciudadela.
Por su cara interior, el portal se cubre con una
bóveda de ladrillo de arco rebajado, bajo la cual todavía se
pueden ver las oxidadas ruedas de hierro, con sus resortes,
cadenas y contrapesos, que hasta el año 1915 servían para alzar
el puente levadizo en cada anochecer.
Este sistema, conocido por los ingenieros
militares como “maniobra de Derché” se instaló en todos
los portales en 1875, en sustitución de las antiguas palancas
basculantes de madera, de tradición medieval, llamadas
técnicamente flechas, que hacían balancín sobre un eje central y
de cuyo extremo pendían las cadenas del puente. Al alzarse éste,
las palancas encajaban en unas aberturas verticales, que más
tarde se rellenaron de piedra tras la implantación del nuevo
sistema.
El 31 de enero de 1939, sin terminar aún la
Guerra Civil, el Ayuntamiento acordó cambiar la antigua
denominación del Portal de Francia por la de Portal de
Zumalacárregui, en recuerdo del valiente general guipuzcoano,
que siendo vecino de la calle del Carmen, una mañana de 1833
salió por este portal, para ponerse al frente del ejército
carlista, a cuyo mando obtuvo importantes victorias. A raíz de
aquel acuerdo municipal se mandó colocar una inscripción en
memoria del invicto general, en cuyo texto, acorde con la fecha
en que fue redactado, se calificaba la primera Guerra Carlista
como “gesta precursora del glorioso Alzamiento Nacional, que
comenzando el 18 de Julio de 1936, bajo la dirección del
Caudillo y Generalísimo Franco, llevó al triunfo los postulados
encarnados en la Tradición”.
Supongo que ello ha dado lugar a que la lápida
en cuestión haya sufrido varias veces actos de vandalismo; lo
cual no quiere decir que no los hubiera sufrido también caso de
que se hubiera cambiado por otra, digamos que más políticamente
correcta. A pesar de todo, y aún dando por supuesto que siempre
ha de haber gamberros iconoclastas y gentes que desconocen y
desprecian la Historia, tal vez sería el momento de encargar una
nueva lápida en recuerdo del ilustre militar vasco, que
rememorase su figura egregia sin hacer ninguna referencia a la
guerra del 36.
Una sugerencia a quien corresponda
¡Qué bonito sería si el Ayuntamiento se
decidiera a restaurar el viejo mecanismo que antaño alzaba el
puente levadizo! ¿Se imagina el lector lo bonita que podría
resultar la escena de la llegada de la Cabalgata de los Reyes
Magos ante el portal en la tarde mágica del 5 de enero, y que en
este marco incomparable descendiera pausadamente el puente,
franqueándoles a Sus Majestades de Oriente la entrada en la
ciudad? Personalmente, pienso que sería un espectáculo único.
¡Tu eliges!
¡Tu decides! Apóyanos [Proyecto 10957]
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