La Plaza Consistorial

LA PLAZA CONSISTORIAL

Juan José Martinena Ruiz
Jefe del Archivo Real y General de Navarra

El hecho que inició la transformación e integración urbana de los terrenos que en época medieval existían en medio de los recintos amurallados de los tres burgos, fue la construcción de la primitiva jurería o casa consistorial. En 1423, Carlos III señaló claramente en el capítulo tercero del Privilegio de la Unión cuál había de ser su emplazamiento: “en el fosado que es ante la torr clamada la Galea, enta la part de la Navarrería”. Sin duda el rey quiso materializar con ello el espíritu del privilegio, que no fue otro que asegurar que lo que hasta entonces habían sido tres poblaciones distintas pasase a formar una sola ciudad y un solo municipio.

No obstante, la construcción de la casa no se debió de iniciar de modo inmediato, porque consta que en 1483, sesenta años después de la concesión de aqueldocumento, decisivo en la historia de Pamplona, se destinaron 300 libras a las obras de “la casa que está principiada a fraguar”.

La Plaza Consistorial con adornos Navideños (1958) (Archivo Municipal. Colección Arazuri)

Orígenes de la plaza

Por distintas noticias documentales que hemos podido localizar, parece que las murallas interiores que cerraban y separaban los tres burgos se derribaron en 1536, siendo virrey el marqués de Cañete, con el fin de aprovechar la piedra en la casa de las audiencias y en los nuevos baluartes que se estaban construyendo en el recinto fortificado exterior. Es a partir de entonces, al desaparecer la barrera que suponían los viejos muros y torres medievales, cuando la plaza fue adquiriendo un aspecto más urbano con la construcción de nuevas casas que, aunque no son las que vemos hoy, fueron configurando su perímetro.

Por la parte del burgo de San Cernin, entre la barbacana y la antigua muralla, demolidas en buena parte, se construyeron las casas que siguen la alineación de la actual calle de Santo Domingo. En el lado de la población de San Nicolás, una vez derribado el portal de la Salinería, la calle Zapatería se prolongó hasta la plaza actual y hasta la calle Calceteros. Y por la parte de la Navarrería, las casas que sustituyeron al desaparecido muro medieval, pasaron a conformar el lado este de la plaza.

Mientras tanto, dentro de este mismo proceso de urbanización de lo que antes era prado y tierra de nadie, se fue configurando también el lado norte de la plaza del Castillo – el del actual Café Iruña – con lo que el amplio espacio hasta entonces sin edificar del antiguo mercado y el chapitel quedó repartido en dos plazas: la del Castillo y la que ahora nos ocupa, que por entonces se llamaba plaza del Chapitel.

Plaza del Chapitel y mercado

La primera vez que hemos visto escrita esta denominación de plaza del Chapitel es en un proceso judicial del año 1534, en el que el fiscal acusaba a un tejero de un delito de injurias y desorden público cometido en este céntrico paraje de la ciudad.

A mediados del siglo XVI tenía lugar en esta plaza el mercado de abastos: carne, legumbres, frutas y verduras. Un plano de hacia 1580, encontrado y publicado por Florencio Idoate, anota este céntrico lugar de la Pamplona de aquella época como “plaça donde se bende la probisión”.

Por su parte, el Dr. Arazuri, en su Pamplona, Calles y Barrios, obra imprescindible para conocer la historia de nuestra ciudad, incluye la noticia de que en 1565 el Regimiento –que era como entonces se llamaba el Ayuntamiento– acordó trasladar las tablas o puestos de venta de carnes a la trasera de la casa consistorial, entre dicha casa y la iglesia de Santo Domingo, es decir, la plazuela que actualmente se denomina de Santiago.

Se compró una huerta propiedad de Antón de Caparroso para reunir allí las carnicerías, “para que estén todas juntas y los puestos donde se vendían los corderos”. De manera que a partir de ese año quedaron en la plaza del Chapitel solamente los puestos de fruta, verduras y hortaliza.

Más tarde, en 1580, se llevó a cabo el empedrado de una parte de la plaza, tarea que corrió a cargo de un tal Juan de Ardanaz. Estos trabajos de pavimentación se hacían sólo en aquellos lugares donde los regidores lo creían imprescindible.

En aquella época no hacían falta recortes presupuestarios como ahora, ya que la austeridad en el gasto fue una constante, salvo contadas excepciones, para nuestros munícipes en los siglos XVI y XVII. En 1597 se presentó un nuevo memorial “para empedrar la Plaza del Regimiento”, nombre muy apropiado, pero que no llegó a sustituir al de plaza del Chapitel.

Por su situación en el punto de confluencia de los tres antiguos burgos y por estar en ella la casa del Ayuntamiento, esta plaza era uno de los lugares más céntricos y frecuentados de la ciudad. Por ella pasaban todas las procesiones y en ella tenían lugar los principales actos civiles y muchos festejos populares.

Cuando en 1598 se celebraron en nuestra ciudad, con la mayor pompa, las exequias del rey Felipe II, los regidores convocaron a todo el vecindario a asistir a los funerales, para lo que deberían acudir previamente y, a ser posible, vestidos de luto, “a la plaza del Chapitel, delante de la casa de su Ayuntamiento”. Ese mismo año hubo en el mismo lugar funciones de comedias, a cargo de la compañía de Luis de Vergara.

Pero aquí ocurría de todo: en el Archivo de Navarra hay un pleito de una de las vendedoras de la plaza, Catalina de Ollo, contra el tejero Juan de Arraindu, por un libelo difamatorio que un día de 1609 apareció colocado en el puesto que ella atendía.

La última vez que hemos visto escrita la denominación de plaza del Chapitel es en un proceso del año 1642, sobre desalojo de una casa sita en ella.

Plaza de la Fruta y lugar de ejecución

Ya hemos dicho que a partir de 1565, año en que el ayuntamiento ordenó llevar los puestos de carnicería a la plazuela de Santo Domingo, o plaza de abajo, quedaron en la del Chapitel – también llamada plaza de arriba – solamente aquéllos en los que se vendían frutas y verduras.

Este hecho dio lugar, mediado el siglo XVII, al cambio de nombre de la plaza, que, dejando atrás la anterior denominación del Chapitel, pasó a llamarse plaza de la Fruta. El Dr. Arazuri, en su ya citada obra Pamplona, Calles y Barrios, dice que vio este nombre por primera vez en un documento de 1671, con motivo de que ese año se quemó en este lugar una colección de fuegos artificiales para celebrar el día del Corpus. Hasta en alguna ocasión se llegaron a correr toros por esos años.

Por nuestra parte, hemos encontrado una primera mención más antigua de la plaza de la Fruta en un pleito de 1658, en el que el administrador de la fundación de don Gabriel de Amasa demandó a Mariana de Hualde, viuda, y al administrador del hospital general, exigiendo el desalojo de una botiga sita en dicha plaza.

Desde que a finales del siglo XVII se empezó a aplicar en Navarra la pena de muerte en el garrote, reservando la horca para los crímenes más graves, el lugar donde se instalaba el patíbulo para esta forma de ajusticiar fue la plaza de la Fruta. Se eligió un lugar tan frecuentado porque se pretendía que las ejecuciones de reos tuvieran carácter ejemplarizante. La primera de que hay noticia tuvo lugar en 1693.

Casi siglo y medio después, en 1832, ya con una mentalidad más ilustrada, el Ayuntamiento solicitó al virrey “que se mude el sitio del suplicio de garrote, por los muchos inconvenientes de que se verifique en la Plaza de la Fruta”.

Reconstrucción barroca de la Casa del Ayuntamiento

Parece que a mediados del siglo XVIII la casa de la Jurería erigida en la segunda mitad del siglo XV se hallaba ya prácticamente en estado de ruina. En vista de ello, en abril de 1752 hubo que trasladar las sesiones del ayuntamiento a la casa del Condestable, en la Calle Mayor, en la que hasta unos años antes habían residido los obispos.

Se acordó reedificar la casa consistorial de nueva planta, iniciando las obras inmediatamente. En 1755 se comenzó a construir la fachada, según proyecto de José de Zay Lorda, que se prefirió al presentado por Juan Miguel de Goyeneta y cuyo coste se calculó en 24.000 reales.

Para el ático o remate del frontis se siguió la traza firmada por Juan Lorenzo Catalán. Las estatuas de la Justicia y la Prudencia, que flanquean la puerta, así como la alegoría de la Fama y los hércules y leones del remate, los hizo el escultor José Jiménez, que cobró por su labor 9.000 reales. Las rejas y balconaje, así como toda la cerrajería, fueron obra de Salvador de Ribas, a quien se pagaron 34.000 reales. Este mismo maestro instaló el reloj en 1774. La escalera, la media naranja y la linterna las construyó el maestro albañil José Marzal, vecino de Tudela.

El 23 de enero de 1760 se acordó el traslado de la corporación y de los servicios municipales a la nueva casa, “y que las argollas o picotas se pongan en el segundo suelo del frontis principal, en los dos costados del balcón donde tañen los clarines, para ejecutar las penas que de esta calidad se impusieren”. Es decir, que en esa fecha aún se seguían aplicando penas infamantes.

Como luego veremos, aquella noble construcción barroca, que lucía el empaque de los palacios de la época, fue demolida a finales de 1951, respetando únicamente la fachada, que es la que hoy ennoblece y da carácter a la actual Casa Consistorial.

Otras noticias del siglo XVIII

Según las ordenanzas municipales aprobadas el año 1772, la limpieza y aseo de la plaza corría a cargo de las panaderas, fruteras y recarderas que en ella tenían sus puestos, y también de las personas que tenían arrendadas las tiendas y botigas que la rodeaban.

Estas últimas debían barrer “desde el umbral de sus puertas hasta la primera línea de piedras taladradas, que sirven para afirmar los palenques y balanzas de que usan las fruteras”.

Las panaderas y fruteras debían hacerlo en el resto de la plaza, “depositando el escombro, mondas y desperdicios que recogieren con la escoba en el paraje que a este propósito se ha señalado en la misma plaza, para que a la hora en que ha de estar barrido, lo saque el carro de la limpieza”.

Unos años después, cuando a una con el proyecto de la traída de aguas de Subiza se encargó al pintor madrileño Luis Paret el diseño de las nuevas fuentes públicas que se trataba de instalar en la ciudad, uno de los lugares señalados para contar con una de ellas fue precisamente la plaza de la Fruta. Así se puede ver en los dibujos que entregó en 1788, que se guardan en el Archivo Municipal. Finalmente esta idea no se llevó a cabo, y la fuente en forma de obelisco que se había pensado para este lugar se acabó construyendo en la plaza de las Recoletas, donde continúa en la actualidad.

Otro proyecto que tampoco se llegó a realizar fue el de erigir en el centro de la plaza, frente a la Casa Consistorial, una estatua ecuestre –hubiera sido la única de este tipo en nuestra ciudad- en honor del general inglés duque de Wellington, cuyas tropas tomaron parte en 1813 en la liberación de Pamplona, ocupada por los franceses desde mayo de 1808.

De plaza de la Fruta a plaza Consistorial

Una completa descripción de la Pamplona, remitida por la ciudad a la Real Academia de la Historia en junio de 1801, dice de esta plaza lo siguiente: “La Plaza llamada de la Fruta, al frente de la Casa de Ayuntamiento, consiste en un cuadrilongo de ochenta varas de longitud y veinte y seis de latitud, y sin embargo de su corta capacidad, en esta plaza, que ocupa el centro de la ciudad y se halla contigua a la Alhóndiga de la Casa de Ayuntamiento y a la casa inmediata del Pósito, que tiene un gran patio titulado Plaza de Abajo, se celebran con el conjunto de todo los mercados y se hace la venta perenne de carnes, pescados, legumbres, verduras, frutas, caza y otros abastos”.

Medio siglo después, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, ponderaba la comodidad del sitio, “merced al excelente arreglo de los puestos y al orden que se manda observar”. No debía de opinar lo mismo el Ayuntamiento, el cual, creyendo sin duda que los tenderetes restaban empaque y solemnidad a la plaza, acordó en 1864 trasladarlos al mercado de la plazuela de Santo Domingo; lo mismo que tres siglos antes habían hecho los regidores de entonces con las tablas de los carniceros. “Que se quiten los tinglados existentes en la Plaza de la Fruta – dice la resolución municipal-, a fin de que ésta quede completamente desembarazada”.

Dos años más tarde, dado que después de ese traslado, la antigua denominación de Plaza de la Fruta ya no respondía a la realidad, en la sesión municipal del 27 de junio de 1866, se acordó sustituirla por la de Plaza Consistorial, nombre que se ha mantenido oficialmente hasta la actualidad; que no Plaza del Ayuntamiento, como la siguen llamando muchos pamploneses.

Un curioso proyecto de uniformar la plaza En 1945 saltó al primer plano de la actualidad pamplonesa un curioso proyecto, que pocos pamploneses conocen, que consistía en transformar el aspecto tradicional de la plaza, con sus casas de diferentes alturas y fachadas variopintas, para convertirla en esa plaza mayor a la española, que Pamplona nunca tuvo, con casas de la misma altura y aspecto uniforme, rodeando la Casa Consistorial. Su autor fue un prestigioso arquitecto de aquella época, Eugenio Arraiza, que fue concejal y teniente de alcalde en más de una legislatura por los años 40 y 50. Aquel proyecto, que nunca llegó a realizarse, no estaba mal concebido. Desde luego era una completa falsificación de la realidad y de la historia de la plaza, pero una falsificación bonita.

A quien no debió de convencerle fue a Angel María Pascual, quien en una de sus incomparables Glosas a la ciudad –la del 15 de febrero de 1947- escribió este párrafo: “…El edificio del ayuntamiento debe ampliarse, pero no tragarse las casas del entorno. Porque su mayor encanto está en su contraste de casa gremial, de mueble barroco, de tallado reloj de pared, en medio de las fachadas deliciosamente vulgares de esas tiendas bajitas con olor de recatada artesanía”.

Hay que decir que medio siglo antes, en 1898, cuando se reconstruyó en su forma actual la casa que hace esquina con la calle Calceteros, se habló de la posibilidad de corregir la irregularidad que presenta la planta de la plaza, haciéndola rectangular a costa de dejar libre el solar de dicha casa y el contiguo, derribando la casa que hace esquina con Mercaderes, donde hoy está la tienda de Gutiérrez, fundada en 1840.

Construcción de la actual Casa Consistorial

Por esos años -1950- nadie dudaba de que el edificio municipal levantado a mediados del siglo XVIII resultaba ya insuficiente y poco funcional. La ciudad había crecido mucho desde entonces y las dependencias destinadas a oficinas y otros servicios seguían siendo las mismas, con ligeras modificaciones.

Por fin, tras muchas y largas deliberaciones, los munícipes decidieron la demolición del antiguo y noble caserón barroco -del que solamente se respetó la fachada-, y su sustitución por un edificio de nueva planta, cuyo proyecto se encargó al arquitecto José María Yárnoz Orcoyen, que falleció en junio de este año 2011. El 4 de noviembre de 1951 el entonces alcalde Miguel Gortari cerró simbólicamente el viejo portón e inmediatamente dieron comienzo los trabajos de derribo. Dos años más tarde, el 9 de noviembre de 1953, el nuevo alcalde Javier Pueyo procedió a la apertura de la puerta de la nueva Casa Consistorial.

La última intervención importante en esta plaza fue la construcción de la casa del Área de Sanidad en el solar de la antigua Casa Seminario, que con otra contigüa se puede contemplar en la foto de la derecha y que es el mismo que hasta 1536 ocupó la imponente torre medieval de la Galea, en la muralla del burgo de San Cernin, desde la que en el siglo XIV se despeñaba a los condenados a la pena capital.