La Calle Mercaderes

LA CALLE MERCADERES

Juan José Martinena Ruiz
Jefe del Archivo Real y General de Navarra

Originariamente, y hasta comienzos del siglo XX, esta calle tenía en toda su longitud la misma anchura que tiene en su tramo inicial, es decir, el más próximo a la plaza Consistorial, donde hasta no hace mucho estuvo Casa Unzu. Ello era debido a que en el amplio espacio libre que ahora existe delante de los bares Iruñazarra y Mentidero, y del reciente Mmuseo del Encierro, existió desde tiempo inmemorial una pequeña manzana de casas, de planta trapezoidal, que por su fachada principal prolongaba un tramo más la calle Chapitela, y de sus fachadas laterales, una hacía llegar la calle Calceteros hasta la esquina de Estafeta, mientras que la otra guardaba la alineación del tramo inicial de la calle Mercaderes hasta esa misma esquina.

La antigua rúa mayor de la Navarrería

Cuando en junio de 1324 el rey Carlos el Calvo otorgó desde París el privilegio para la reconstrucción de la Navarrería, destruida por un ejército francés en la guerra de los burgos de 1276, una de las calles que entonces se trazaron fue la que luego se llamó rúa mayor de la Navarrería, que iba “de portali populationis usque ad Sanctam Mariam, directa via”. Lo que, traducido al lenguaje actual, quiere decir desde el portal que salía a la población de San Nicolás hasta la Catedral de Santa María. De modo que en ese tiempo lo que ahora son las calles Mercaderes y Curia formaban una sola calle; que por cierto estaba considerada de las principales y como tal, los que adquiriesen solares en ella debían pagar al rey el censo correspondiente a la primera categoría, que suponía seis dineros al año por cada codo que midiese la fachada que daba a la vía pública.

Años más tarde, en 1350, en el llamado Libro del Monedaje, la rúa mayor de la Navarrería aparece ya bifurcada en dos ramificaciones: “la rúa mayor ysent de la poblation”, con 43 fuegos u hogares y “la rúa mayor ysent del portal del borc”, con 23. Parece claro que esas dos ramificaciones se corresponden con las actuales calles de Calceteros y Mercaderes. La primera de ellas conducía al portal de la población de San Nicolás y la segunda hacia el portal del burgo de San Cernin. En 1365, el extremo de la calle que hoy nos ocupa, que daba hacia la parte del burgo, se vio afectado por las obras de fortificación que ordenó ejecutar el rey Carlos II de Evreux, apodado “El Malo” por algunos historiadores. Así lo recoge puntualmente el registro de comptos de ese año, cuando incluye la noticia de que algunas casas pertenecientes a esta rúa “son destruytas pora fazer la taiada”, es decir, que fueron derribadas para trazar o reforzar la muralla de la ciudad en ese tramo. Parece que el derribo afectó a las casas más desprotegidas, situadas fuera de la propia muralla, porque el mismo registro añade la noticia de que por entonces la calle se prolongaba “del portal del burgo en fuera”.

La Cruz del Mentidero

El punto donde iniciamos nuestro recorrido como lo hace el Cortejo Real, es decir saliendo de la calle Navarrería y marchando en dirección a la Plaza Consistorial, fue siempre, como lo es hoy todavía, una encrucijada de calles, donde confluyen nada menos que cinco: Mañueta, Navarrería, Curia, Calderería y Mercaderes. Entre esta confluencia y la embocadura de la calle Estafeta existía una especie de plazoleta, que en la época medieval se conocía como el Cairefort o Calleforte de la Navarrería, y más tarde, ya en el siglo XVI, como el Mentidero, porque parece ser que constituía el punto de encuentro y de conversación de las gentes del barrio.

Por eso mismo, por ser un lugar tan frecuentado, se instaló allí la picota o piloric –lo que en Castilla llamaban rollouna columna o pilar de piedra en la que se ejecutaban algunos castigos afrentosos, como era el de la exposición de los ladrones y malhechores a la vergüenza pública. Según un documento conservado en el archivo de la Catedral, parece que ya en 1275, antes de la destrucción de la Navarrería por las huestes de Eustaquio de Beaumarché, ya existía en este lugar el citado pelleric. No sabemos desde cuando, posiblemente a raíz de la reconstrucción de 1524, la antigua picota adquirió la forma de crucero, al añadirle en su remate una cruz.

En una carta de donación de Carlos III el Noble a su servidor Jaquemín Lois, del año 1390, se cita ya “la cruz de la Navarrería, cerca nuestro Chapitel”. Otro documento de 1460 se refiere a una casa de esta calle entonces rúa mayor, cuya delantera daba “al cairefort de la Navarrería, donde está la cruz”. Y aún hay otro de 1466 que habla de “una botiga que sale a la plaza delante de la cruz”.

El año 1500 aquella antigua cruz, que por su antigüedad debía de encontrarse muy deteriorada, fue sustituida por otra, actualmente emplazada en el Redín, junto al mesón del Caballo Blanco, en cuyo fuste lleva una cartela con la siguiente inscripción: A HONOR Y REVERENCIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y DE LA VIRGEN MARÍA FICIERON FAZER ESTA CRUZ GARCÍA DE LANZAROT, MERCADER VECINO DE PAMPLONA Y JOAQUINA MARTÍN DAOIZ, SU MUGER, LA QUOAL FUE PUESTA A CINCO DE NOVIEMBRE DE MIL QUINIENTOS.

Según contaba el que fuera Archivero Municipal Vicente Galbete, en abril de 1842, por motivos más jacobinos que jacobeos, el Ayuntamiento acordó trasladar la cruz al cementerio, donde permaneció más de un siglo casi olvidada, y donde en cierta ocasión y para colmo de males le cayó encima un árbol que mutiló su remate, del que desgraciadamente se perdieron varios fragmentos.

En 1961, mediante un nuevo acuerdo municipal, fue restituida a su antiguo barrio y colocada, como ya hemos dicho, junto al mesón del Caballo Blanco, donde todavía puede verse, aunque sin la cruz de su remate. Fue entonces cuando, según testimonio de Elías Martínez de Lecea, para recordar su primitiva función como picota, se añadieron unas viejas cadenas a la antigua abrazadera de hierro con argollas que todavía conservaba y conserva hoy en la parte superior del fuste de piedra, un poco más abajo del capitel.

Calle de los mercaderes

Según dice J. Joaquín Arazuri en su obra Pamplona, calles y barrios, en el siglo XVI y buena parte del XVII, el nombre del Mentidero sirvió para designar a toda la calle que hoy nos ocupa. Y sólo a partir de la segunda década del siglo XVIII se empezó a utilizar la actual denominación. Por nuestra parte, la primera vez que hemos encontrado el nombre de calle Mercaderes es en un proceso del año 1682, en el que Martín de Echenique demandaba a Miguel de Hualde y Gamio, mercader y regidor de la ciudad, que le estaba debiendo 2.364 reales por el arriendo de una casa en esta calle.

Ése y otros muchos procesos y documentos nos confirman que cuando menos desde el siglo XVI vivían en ella numerosos comerciantes y mercaderes, con sus correspondientes tiendas o botigas, como se decía antiguamente que con su presencia y actividad acabaron por darle su antigua y castiza denominación gremial.

Casas con escudo de armas

Esta calle conserva todavía varias casas blasonadas, cuyos escudos de armas corresponden a distintas familias hidalgas que las habitaron en otro tiempo, sobre todo en el siglo XVIII. Por entonces tenía algunas más, que desaparecieron con el paso del tiempo. En el lado de los pares, en el número 18, se puede ver un escudo actualmente repintado, que originariamente perteneció a los Imbuluzqueta. En el lado de los pares se pueden admirar cuatro, dos de ellos picados porque así lo mandaban las leyes del Reino cuando una casa se vendía y el nuevo propietario no tenía la condición o calidad de noble.

El de la casa número 9, que muestra el ajedrez del Valle de Baztán, corresponde a don Martín Ramón de Echegaray, que ganó su sentencia de hidalguía en 1815. Es de estilo neoclásico y por su fecha uno de los últimos que se pusieron en Pamplona. Antiguamente existió en su solar la casa principal del mayorazgo de los Marcilla de Caparroso, una de las familias más antiguas, ricas e influyentes de la ciudad, con capilla, altar y panteón propios en la catedral.

El escudo de la casa número 7, de estilo rococó y picado desde hace muchos años, lucía también el ajedrez baztanés y perteneció a don Juan Bautista de Ciga y Ciganda, que obtuvo su ejecutoria en 1775. La casa número 5, aunque curiosamente no luce escudo alguno, posee una bonita fachada de estilo barroco, con medias bovedillas de lunetos en el alero.

La siguiente, número 3, ostenta en su frontis una de las labras heráldicas más hermosas de nuestra ciudad, que muestra las armas combinadas de los linajes de García Herreros y Leoz, porque allá por el año 1775 pertenecía a don Fernando Antonio GarcíaHerreros y Villava, cuya sentencia de hidalguía data de 1771, y a doña Fermina de Leoz y Apesteguía, su mujer, también ella de condición hidalga.

Por último, la casa número 1, que hace esquina con la Plaza Consistorial, presenta un escudo bastante más antiguo, actualmente picado, pero que en su tiempo llevó labradas las armas de don Gabriel de Amasa e Ibarsoro, acaudalado comerciante natural de Lesaca avecindado en Pamplona, que ganó su ejecutoria en 1592. Hombre muy piadoso, fue el fundador del convento de capuchinos de extramuros, en cuya iglesia dispuso ser enterrado, como así se hizo a su muerte, acaecida en 1634.

Calle de doña Blanca de Navarra

En la sesión municipal del 26 de julio de 1913, el Ayuntamiento acordó adquirir por la cantidad de 81.250 pesetas la manzana de casas que, como hemos dicho al principio, separaba esta calle de la de Calceteros, con el fin de demolerlas y dar mayor amplitud y luz a esta céntrica parte del casco antiguo. A la parte de Mercaderes tenía dos portales, que llevaban los números 12 y 14. La manzana entera, que era conocida como la casa de Viscor, pertenecía en 1774 a la fundación de Zozaya y más tarde a don Juan Ángel Sagasti.

Tras su derribo, que se llevó a cabo a comienzos de 1914, la calle ganó en amplitud y luminosidad y las casas que hoy llevan los números 6, 8 y 10, que antes pertenecían a Calceteros, pasaron a formar parte de la calle Mercaderes. Poco después, con fecha 22 de marzo de 1916, a propuesta del teniente de alcalde don Fernando Romero, el consistorio acordó dar a la calle recientemente ampliada y embellecida, el nombre de doña Blanca de Navarra.

Y como recoge puntualmente J. Joaquín Arazuri en su Pamplona, calles y barrios, aquella denominación se mantuvo en uso oficialmente hasta el año 1972, en que la Corporación Municipal, en sesión del 29 de febrero, acordó recuperar el antiguo y castizo nombre, que muchos pamploneses nunca habían dejado de utilizar.

Esta calle es una de las más conocidas, en España y en buena parte del mundo, debido a que es una de las que recorren mozos y toros en los emocionantes encierros de las mañanas sanfermineras.

También pasan por ella desde tiempo inmemorial las procesiones del Traslado y el Retorno de la Virgen Dolorosa, Viernes Santo, el Corpus y San Fermín. Todo ello, unido a los numerosos bares y comercios con que cuenta, hacen de la calle Mercaderes una de las más animadas y populares del casco antiguo.