Hoy
vamos a aprender a preparar una obra de teatro. Para ello, y una vez
seleccionada la obra, necesitamos un decorado donde tiene lugar la
acción. Tendremos que buscar entonces un taller de carpintería que
fabrique los distintos escenarios en los que nos veremos envueltos. Y
por supuesto, ¡qué es una mesa sin un gran jarrón de cerámica, donde
poner las flores o un cenicero para el fumador!.
Llamemos a un taller de cerámica para que nuestro decorado no quede tan
vacío. Además, hará falta vestir a nuestros actores de modo que será
necesario contar también con otro grupo que prepare el vestuario. Y de
todos es sabido que no hay actor que salga a escena sin haber pasado
antes por una completa sesión de maquillaje y peluquería.
Por último, están los actores, ni más ni menos importantes sino
igualmente necesarios. Para encontrar tanto personal y tan diverso
deberíamos buscar en un millón de sitios. Coordinar a tanta
gente
para que todos sumen fuerzas trabajando en equipo y se muevan en la
misma dirección parece una tarea complicada. Pues bien, esto es un
ejemplo de lo que pueden hacer los docentes y los jóvenes alumnos del
Colegio de Educación Especial “El Molino”. Si a todo esto añadimos la
oportunidad de representar esta obra en el Teatro Gayarre, objetivo
cumplido.
La Asociación Cabalgata de Reyes Magos de Pamplona tuvo la oportunidad
de conversar con Javier Aramendía, gerente del centro, y Socorro Latasa,
directora, para conocer más a fondo la labor que llevan a cabo en el
Colegio “El Molino” así como en el resto de los centros de la Fundación
Ciganda Ferrer. Hablando con ellos ya se intuyen las grandes diferencias
que existen entre este centro y los demás colegios. La actitud ante la
educación y el concepto de trabajo en equipo que desarrolla el centro
dejan entrever “el esfuerzo y el
cariño con el que trabajan todos y cada uno de los profesionales del
centro para buscar una educación de calidad para los alumnos intentando
dar un trato exquisito a los alumnos y a las familias”
comenta Socorro Latasa.
El colegio “El Molino”
comenzó como un centro de formación profesional especial, algo muy
novedoso para su tiempo, ya que en su momento no había ningún otro
centro que formara a los
alumnos
para un trabajo. “Este sigue
siendo el objetivo primordial del centro, formar a los alumnos para que
logren un trabajo con apoyo de la sociedad, y que ésta les reconozca
como personas que pueden trabajar y les otorgue las posibilidades de
integración que se merecen”,
explica Javier Aramendía. Al principio, el centro empezó con alumnos de
14 años hasta 21, después de 17 a 21 años, y a día de hoy tiene alumnos
desde los 12 hasta los
El centro cuenta con 30
profesionales y 58 alumnos, la mitad de ellos cursa la educación básica
obligatoria (EBO) de 12 a 16 años; y la otra mitad, de 17 a 21 años,
realiza los Programas de Iniciación Profesional Especial, que incluye
diferentes talleres prácticos. Además varios alumnos realizan el
programa de Tránsito Hacia la Vida Adulta en el que se les imparte
habilidades necesarias para manejarse en el día a día. A los más
pequeños, que cursan la EBO, se les enseña las asignaturas habituales de
cualquier otro colegio.
Los profesores hacen
especial hincapié en la autonomía personal y social de estas personas y
por ello las clases no son siempre en el mismo aula, sino que cada grupo
se desplaza para que aprendan una disciplina, un horario y una
organización. Por su parte, los mayores estudian en
los
seis talleres: madera, electricidad, agraria, hogar, textil y cerámica.
“Todos hacen de todo ya que
uno de los objetivos del colegio es formarlos íntegramente. En otros
programas de iniciación profesional se forma a cada alumno en una rama,
pero a nosotros nos interesa darles una formación polivalente y por
ello, los alumnos pasan por todos los talleres”,
dice Socorro.
Además, los alumnos
realizan educación física y, voluntariamente, pueden hacer equinoterapia
dos veces por semana con un caballo de las cuadras de Luis Goñi, “que
desde hace unos años nos presta el caballo gratuitamente”,
aclaró Javier Aramendia.
Cuando terminan la
formación, a los 21 años, la mayoría de ellos van a trabajar a los
talleres de Tasubin sa, a Albernia o a Aspace. Aunque desde hace algún
tiempo “observamos que a esta edad
muchos no están aún preparados y por eso la Fundación Ciganda Ferrer
creó el Centro Ocupacional”
comenta Javier Aramendía. La idea de este centro es que pasen en él tres
o cinco años y que cojan más habilidades para encarar con más éxito la
incorporación a un centro de trabajo. Esta opción es una más cuando
terminan, (que muchas familias prefieren), aunque no es la salida
adecuada para todos.
La Fundación Ciganda
Ferrer quiere que la educación sea integral, esto requiere que además de
profesores intervengan otros sectores como psicología, trabajadora
social, logopedia, cuidadores… así como la creación de otras estructuras
o centros para que estas personas,
incluso
los ex alumnos y las familias, ocupen su tiempo y expongan sus
inquietudes. Los alumnos disponen del Club Deportivo “El Molino”, donde
a través del deporte se fomenta la práctica del deporte; el Club de Ocio
y Tiempo Libre, en el cual pueden realizar todo tipo de actividades para
fomentar la amistad y la integración social; o el Centro de Orientación
Familiar, donde las familias disponen de un espacio para intercambiar
problemas y experiencias o buscar apoyos.
Durante el curso escolar
visitan centro culturales o de ocio, y desarrollan actividades
complementarias como el programa de radio; el periódico del centro, que
este año ha sido seleccionado por la Asociación de Empresa Juvenil de
Barcelona como finalista de un concurso de revistas escolares; el
campamento urbano, que en “el
próximo verano tendrá lugar fuera del centro durante una semana para los
alumnos y algún familiar que desee participar”,
explico Javier Aramendía; la asamblea escolar donde participan tanto los
alumnos como los profesores y plantean sus inquietudes; la fiesta de
Navidad...