Entre dos magos – Miguel Ángel Barón

Premio VI Certamen literario ‘Heraldo de los Reyes Magos’
de Cuentos de Navidad 2016

“Entre dos magos”

Mi padre se está yendo. Yo no me lo creo, porque no podría soportarlo, pero eso no importa. Una enfermedad lo está apagando. Yo lo veo bien. Bueno… a veces, no. Pero otras veces, sí… y me quedo con las buenas, con esas ocasiones en las que disfrutamos cada minuto sintiendo la vida con intensidad, cuando se mete conmigo socarronamente; siempre ha sido así. Nunca demostró su afecto de forma efusiva, ¡qué va! Ha sido muy parco en eso, aunque ahora, creo, se arrepiente de no haber dicho ‘te quiero’ todas las veces que lo ha sentido.

Cuando se mete conmigo, que soy la persona que lo cuida y que lo mima, sé que está bien porque él es así. Al menos, así he conocido siempre a papá. Pero, aunque yo no lo crea, se está yendo. Y yo, un poco, también. No sé qué será de mí cuando todo ocurra. Tengo un marido que me quiere y unas hijas que me adoran… pero no sé qué será de mí… ¡papá significa tanto para mí!

Por uno de esos pequeños milagros que incluye todo proceso doloroso, hemos podido pasar la Nochebuena en casa, lejos del clínico. Papá ha disfrutado de una noche rodeado de sus hijos y de sus nietos, lo que nunca tuvo porque vivimos muy lejos de él. Solo ha tomado consomé y un poquito del champán que le regaló su amigo. Su amigo me decía:

“Pasaréis la Nochebuena en casa, ya verás, será la mejor noche de vuestra vida… tu padre sabe cuándo podría irse; es fuerte… algo falso, como la mayoría de los hombres frente a la enfermedad, pero te quiere demasiado como para dejarte sin la Navidad que te mereces”.

Yo no me lo creía –no me creo casi nada…- porque cuando me lo dijo estábamos uno a cada lado de la cama de mi padre, ingresado, con varias sondas y morfina en vena y… en fin, parecía que había comenzado su marcha, a una semana de la Navidad.

Pero sí, fue así como ocurrió y pasamos el nacimiento del Niño en familia, sonriendo a la vida, contentos por el gran encuentro. Ya sabéis, uno de esos pequeños milagros…fue así, como me lo dijo él, su amigo, que lo conoce muy bien. No es la primera vez que en situaciones adversas me anima vaticinando soluciones que, la verdad, parece increíble que ocurran… y ocurren. A veces, cuando no tengo al amigo de mi padre enfrente, trato de ver asomar por alguno de sus bolsillos una varita mágica o una bolsita en la que llevara polvo de estrellas… pero no, no he visto nada de eso. Pero acierta…. Y no sé cómo lo hace… se aventura en momentos delicados y suceden las cosas tal y como las imagina. ¿O no las imagina? No sé… a veces me recuerda a papá; solo me levanta el ánimo, nunca me ha consolado.

Ayer fue mi cumpleaños y lo celebramos. Papá me hizo el regalo de mi vida, el que siempre quise. “¡Está loco!”, le dije a él, al amigo, que me contestó que no: “De eso, nada; tu padre ‘te quiere todo’, eso es lo que ocurre”.

Y esto sí que me lo creo, esto sí. Sé que me quiere, a su manera, pero sé que me quiere mucho.

“Es imposible no quererte si se te conoce, María, imposible”, me dijo también un día su amigo… y me lo repite a menudo. Y esto no me lo creo. Yo soy una chica normal que hace lo que siente y siente lo que le emociona en cada momento. No sé cómo me verán los demás pero solo trato de ser feliz en medio de esta tristeza.

Hoy es el día de los Santos Inocentes. Esperamos la Noche de Reyes con mucha ilusión pero no sé cómo estará papá ese día. El año pasado, papá encarnó al rey ‘Melchor’. Aún lo recuerda. Bueno, creo que no lo olvidará nunca. Cuando todo terminó aquella su noche fantástica, llegó a casa –eran más de las cinco de la madrugada-. Se tiró vestido en la cama, boca arriba, con los ojos cerrados y no dijo nada. No se durmió. Solo cerró los ojos, que se movían por debajo de los párpados, no dijo nada y sonrió.

  • ¿Qué tal, papá?
  • ¿Papá? Soy ‘Melchor’…
  • Bueno, vale… ¿qué tal, ‘Melchor’?

No contestó, ni me miró. Solo continuó sonriendo.

‘Melchor’ apareció en la cocina cuando terminaba el desayuno. Entonces fui yo la que no dijo nada, esperando que fuera él quien pronunciara alguna palabra. ¡Y vaya que si lo hizo!

  • María, no he dormido. He tratado de grabar cada momento de felicidad vivido ayer, cada instante de magia con esos niños, con sus padres, con sus abuelos… ¡soy tan feliz! Me gustaría poder explicártelo, pero no creo que lo supiera hacer. ¿Sabes? Fui ‘Melchor’, era ‘Melchor’… y creo que no voy a poder dejar de serlo…

No le entendí del todo. Puedo imaginar la impagable sensación de repartir la ilusión a los demás, de ser la persona esperada por otras y regalarles tu sonrisa, tus abrazos, tu mirada, tu magia… pero ¿no dejar de fingir ser otra persona? No sé… eso no lo entiendo muy bien.

Hoy es 28 de diciembre y estoy algo triste porque no sé cómo estará papá la noche del cinco de enero, la noche que puede cerrar la mejor Navidad que hemos pasado con él. Estoy algo triste pero nunca pierdo ese hilo de esperanza que necesitamos para seguir tirando hacia adelante y también estoy pensando en cómo sería ir con papá a la Cabalgata y gritar a Melchor, llamadle, que nos mirara y decidle entonces a papá: “¿Qué, te estás mirando a ti mismo,’ Melchor’?”

¿Quién llamará ahora al móvil…?

  • Sí, dígame…
  • Hola, María, ¿cómo va todo? Soy el amigo de tu padre.
  • Hola, no sabes cómo me alegra escuchar tu voz. Bien, todo bien.
  • ¿Entonces, mi amigo sigue sonriendo bajo tus cuidados?
  • Bueno… creo que se cuida solo ahora… pero sí, está contento y sonriendo.
  • Pues ahora soy yo el que se alegra de escuchar tu voz con esas noticias tan buenas.
  • Pero…
  • ¿Qué ocurre, Cenicienta?

Me llama Cenicienta… y no sé muy bien por qué…

  • Estoy un poco triste…
  • Pero ¿por qué?
  • Es que… falta poco para la Noche de Reyes y, ya sabes, quiero que llegue bien papá y que podamos salir a la calle a recibir a los magos…
  • ¿Y, algún problema en ello? ¿Acaso tienes alguna duda de que va a ser así? Te he dicho mil veces que tu padre te quiere lo suficiente como para saber qué tiene que hacer y darte la Navidad que te mereces.
  • Pero, no sé, sabes que está muy enfermo y que algún día…
  • Vaya… veo que no entiendes nada, pequeña… ¿crees en los sueños?
  • Sí, sí…
  • ¿Has perseguido alguna vez un sueño?
  • Creo que sí…
  • ¿Entonces? ¿Crees en los Reyes Magos?
  • Sí, sí que creo en ellos…
  • María, vais a disfrutar de una Noche de Reyes inolvidable. Papá se va a ver a sí mismo, va a poder mirar a sus propios ojos cuando se cruce con ‘Melchor’; va a revivir el mago que nunca dejará de llevar dentro…
  • ¡Pero bueno! ¡Si eso es lo que estaba pensando justo antes de que llamaras! ¿Cómo lo haces?
  • Soy así desde hace un par de años…
  • Ya, ya… ¡pero no se puede fingir eternamente ser otra persona!
  • Lo único que no se puede fingir es que ames la vida…
  • Pero papá puede ponerse muy malito de repente…
  • Y dale…, tu padre sabe mejor que nadie cuando podrá irse y no te va a hacer esa faena ahora, créeme.
  • Si ya, si yo quiero creerte… y te creo, la verdad, hasta ahora has dado en el clavo… pero…
  • Pues deja de darle vueltas. Vete comprando un buen rosco de reyes y un poquito de jamón. ¡Ah, y café, sí, café caliente! El champán y el chocolate para los críos os lo llevo yo el día cuatro.
  • ¿Sí, de verdad que vas a venir a vernos el día cuatro?
  • Claro, es el última día de ser el ‘Melchor oficial’ de tu padre; al día siguiente, otro le tomará el relevo.
  • … último día de ‘Melchor oficial’… ¿entonces… sigue siendo mago?
  • Nunca dejará ya de llevar un mago dentro.
  • … pero… es que… creo que lo voy entendiendo…
  • Te está costando tanto comprender este lío… siempre llevarás un dolor en el pecho, María, pero el descanso de tu mago lo recompensará.
  • Pero… papá… Melchor… la magia… tú… desde hace dos años…
  • No sé qué quieres decir, pero si te refieres a que si los Reyes son los padres, de eso nada, rubita, eso no es así; más bien ocurre que los padres son los magos. ¿Entiendes?
  • Creo que ahora sí…
  • Pues me alegro. ¡Ah!… algo muy importante que no sé si has caído en cuenta: Los Reyes Magos nunca se van, nunca se marchan, ¡jamás faltan a su cita…! Siempre, siempre, siempre están ahí. ¿Puedes comprender también esto?
  • Creo que sí…
  • ¡Ey, ey, ey… que no sé qué me dice que se están cayendo algunas lágrimas! ¡Sonríe, que motivos tenemos para ello!
  • … es que es de felicidad…
  • Entonces está bien, es bueno llorar de alegría o de felicidad, eso no está mal. Bueno, no te olvides del rosco, del jamón y del café, ¿de acuerdo? Pronto estaré con vosotros.

María callaba. El amigo, también. Al poco, ella rompió el silencio.

  • Gracias por estar ahí, de verdad, pero… ¿puedo hacerte una pregunta?
  • Es ‘algo’ que siento y… que necesito saber…
  • ¿Llevas un mago dentro?
  • Desde hace dos años; también fui ‘Melchor’.
  • Te quiero.
  • Quieres a ‘Melchor’… y ‘Melchor’ te quiere a ti. Es ese ‘algo’… que lo sepas.
  • Lo sé.